jueves, 20 de enero de 2011

Rolando Gómez: MITOHISTORIA DE UNA TRAGEDIA CONTEMPORÁNEA: EL PAÍS SIN NACIONALIDADMITOHISTORIA DE UNA TRAGEDIA CONTEMPORÁNEA: EL PAÍS SIN NACIONALID

MITOHISTORIA DE UNA TRAGEDIA CONTEMPORÁNEA:

EL PAÍS SIN NACIONALIDAD

“el judaísmo se ha conservado, no contra la historia, sino por la historia…

no busquemos el secreto de los judíos en su religión; busquemos el secreto de la religión en el judío real”

Karl Marx

“Los judíos constituyen en la historia, ante todo, un grupo social con una función económica determinada. Son una clase, o mejor dicho, un pueblo-clase”.

Abraham León

“Hasta ahora, la mayoría de aquellos que se ven a sí mismos como judíos prefieren no vivir bajo soberanía judía, y no enviar sus hijos a arriesgar la muerte en las guerras israelíes. Me parece a mí que [mis críticos] se cuentan entre éstos, incluso si es que piensan que Israel es su “tierra ancestral”.

En lo que a mí respecta, por el contrario, vivo en Israel y justifico su existencia continuada, no sobre la base del sufrimiento judío anterior (ningún sufrimiento pasado puede justificar la creación de sufrimiento en el presente) sino porque he vivido acá toda mi vida, y porque sé que la negación de su existencia conduciría solamente a una nueva tragedia”

ShlomoZand

¿Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío?, del historiador israelí ShlomoZand, se escribió y publicó en idioma hebreo en el año 2008. El libro se convirtió inmediatamente en bestseller en su tierra. Se editó luego en francés y en inglés (bajo el provocativo título “La invención del pueblo judío”, lo cual no hizo más que generar confusiones respecto al tema central del libro), y no sólo fue un éxito editorial, sino que ha generado una verdadera avalancha de críticas, sobre todo negativas.[1]Fuentes cercanas al autor me comentan que la editorial AKAL de Madrid prepara lanzar una edición en castellano en los primeros meses del 2011.

No pude esperar. Decidí escribir estas cortas palabras/comentario y traducir, y compartir con ustedes, una postdata escrita por el autor a la segunda edición de su libro en inglés (ver anexo al final) en la que él responde brevemente a algunos de sus críticos.

Pero antes, a manera de introducción, un par de notas que creo necesarias, porque ponen tal vez en la perspectiva correcta el libro de Zand:

Dealgunas conversaciones y correspondencia que mantuve con buenos amigos (judíos y no-judíos)sobre “el tema Israel”, advertí que hay un dato muy importante generalmente desconocido por el público (o convenientemente ocultado): Israel es un país sin nacionalidad propia.

Así es: no existe la nacionalidad israelí. Creo que para muchos lectores esto debe caer como una sorpresa inexplicable, pero es un hecho.

A diferencia de la mayoría absoluta de las naciones-estado capitalistas modernas, donde estos dos conceptos son sinónimos, en Israel el documento de identidad israelí tiene dos categorías distintas: ciudadanía (ezrajut -אזרחות ) y nacionalidad (leúm – לאום)

Un nativo de Israel recibe por supuesto inmediatamente ciudadanía israelí[2], pero su nacionalidad depende del origen etno-religioso de sus padres: aquellos que pueden demostrar de acuerdo a la halajá-la ley religiosa judía- un linaje judío, reciben una tal nacionalidad judía.

Aquellos nacidos en Israel de padres palestinos, no importa si esos palestinos son católicos, ortodoxo-griegos, musulmanes o ateos, reciben la nacionalidad…árabe.

En el caso de un inmigrante que se naturaliza en Israel, se aplica el mismo criterio: aquel inmigrante que puede demostrar linaje etnoreligioso judío, tiene inmediato derecho a la “nacionalidad judía”. Aquel que no, no hay problema: se le anota en su documento de identidad la nacionalidad de su país de origen. Si el inmigrante tiene origen étnico árabe no-judío…pues no recibe nunca la ciudadanía en Israel.

Pero nadie, absolutamente nadie, recibe una nacionalidad israelí.

ShlomoZand tituló las palabras introductorias a su libro como“En virtud de la memoria acumulada: líneas que definen la contra-historia”. En esta introducción Zand abre diciendo que su libro es un libro de historia, pero advierte que escoge abrirlo contando algunas historias personales, porque “no es un secreto que la investigación académica está a menudo motivada por experiencias personales”, y a pesar de que “estas experiencias tienden a estar ocultas bajo gruesos pliegos de teoría”, le servirán al autor como “plataforma de lanzamiento” en su “acción de zapador para levantar una verdad indiscutible, la que su consciente agudo no le permitiría alcanzar jamás Así es que antes de lanzarse a su materia de análisis histórico, nos cuenta algunas anécdotas de tipo personal. Una de ellas, comentada con ironía y sentido del humor, es mi favorita, y la voy a reproducir casi en su totalidad:

Bernardo se llamaba un joven catalán nacido en 1924. En 1944 le tocó hacer la mili bajo la España franquista, y coherente con sus ideas republicanas Bernardo decidió desertar con su fusil y atravesar los Pirineos hacia el este. Alrededor del año 1948, encontrándose en Marseille, entró en contacto con un grupo de jóvenes partisanos sionistas-socialistas en rumbo a una granja colectiva en Israel, y se les unió, no por sionismo o judaísmo, sino atraído por la idea de un proyecto colectivista socialista. En el kibutz se estableció, creó una familia, y cambió su nombre por el hebreo Dov. Varios años más tarde es citado a presentarse a las oficinas del Ministerio del Interior israelí, y el siguiente es el diálogo que sostiene con un burócrata del Ministerio, según cuenta Zand:

-“Usted no es judío, señor” -le informa el funcionario.

- “Nunca sostuve que lo fuera”, contestó Dov.

- “Tendremos que cambiar sus documentos”, continuó en seguida el empleado del Estado.

- “No hay problema, adelante”, acordó Dov.

- “¿Cuál es su nacionalidad?”

- “Israelí”, contestó con dudas el preguntado.

- “No puede ser”, aseguró el funcionario

- “¿Porqué?”

- “Porque no existe la identidad nacional israelí”, dijo con un suspiro el funcionario del Ministerio del Interior. –“¿Dónde nació?

- “En Barcelona”

- “Entonces escribiremos nacionalidad española”

- “¡Pero yo no soy español! ¡Y como catalán no estoy dispuesto a que mi identidad se defina como española! ¡Justamente por eso combatí al lado de mi padre en los años 30!”

El funcionario se rascó la cabeza. No sabía mucho de historia, pero sí era un hombre que respetaba a las personas.

-“Escribiremos entonces nacionalidad catalana”.

-“¡Perfecto!, lanzó Dov.

Así, Israel se transformó en el primer país en el mundo en reconocer oficialmente a la “nación catalana”.

-“Ahora, ¿cuál es su religión?”

-“Soy ateo, no-religioso”.

-“No lo puedo registrar como ateo. El Estado de Israel no está dispuesto a reconocer ese concepto. De hecho, ¿cuál es la religión de su madre?”

-“Ella todavía era católica cuando la dejé”

-“Lo registraré entonces como religión cristiana”, soltó el funcionario pensando que se le haría más fácil.

A pesar de que Dov era un tipo tranquilo, comenzó a dar señales de nerviosismo:

-“¡No llevaré una cédula de identidad que diga que soy cristiano! ¡No sólo que está en contra de mi visión del mundo, sino que también va en contra de la memoria de mi padre, quien como anarquista quemaba iglesias en la guerra civil!”

El oficinista se rascó una vez más la cabeza. Sopesó bien sus ideas, y finalmente encontró una solución: Dov salió del Ministerio con una cédula de identidad azul en la que estaba escrito en letras negras que tanto su nacionalidad como su religión eran…catalán”.

En este punto debo aclarar que esta anécdota es mi favorita, no sólo porque pone en perspectiva político/personal uno de los ejes fundamentales del libro de Zand, sino porque yo mismo tuve una experiencia similar hace unas cuantas décadas: todavía conservo el pequeño papelito que me dieron en Israel a mi llegada al aeropuerto, luego devarios minutos de ardua discusión (en inglés, yo no hablaba entonces una palabra en hebreo) con una joven señorita a cargo de control de pasaportes que insistía en anotarme como miembro de la religión cristiana. En mi caso, al igual que Dov, mi padre era ateo y mi madre es católica, pero yo no estoy dispuesto a que ninguna autoridad “oficial”, no importa de qué país,me categorice como “cristiano”. A pesar de mi insistencia de que la joven anotara la palabraateo, el papelito que conservo tiene la inscripciónללאדת- “le lo dat”, que se puede traducir en algo así como “sin religión”. Yo en ese entonces no era para nada consciente de la monumental batalla que había ganado, que no fue precisamente librada en el campo de la filología.

Pero entrando de lleno al referente libro de Zand: se trata de unas trescientas páginas de análisis histórico demoledor de mitos. Zand de ninguna manera reclama para sí la exclusividad de esta demolición; muchos de los temas abordados en su libro fueron ya abordados por varios otros autores. Pero la particularidad del análisis de Zand da ciertamente una nueva perspectiva, muy fundamentada, a la destrucción de estos mitos. Además, es la primera vez que muchos de estos temas son abordados en idioma hebreo, por un académico israelí, lo cual hace de este libro un libro particularmente valiente.

Algunos de los mitos demolidos, en un recuento breve, muy breve:

El mito de la Biblia como libro de historia. Para muchos de nosotros esto no es una novedad. En realidad, muchos de nosotros estamos ya hartos que el DiscoveryChannel y el HistoryChannel sigan haciendo una farsa de la capacidad intelectual del público en este sentido. Sin embargo, hay que admitir que los defensores de este mito tienen todavía mucha fuerza, tanto cristianos como judíos, y siguen siendo en muchos casos los dueños del poder político en muchos países occidentales. ShlomoZand además nos explica cómo en Israel la Biblia se ha “secularizado” y “nacionalizado”, al punto de que se enseña desde la escuela primaria, a través de la escuela secundaria, y hasta departamentos especiales en la universidad, como “historia del pueblo judío”. Vaya libro de historia.

El mito del éxodo del pueblo judío de Egipto. Acá Zand toca una tecla muy delicada. Sostiene, apoyado en análisis histórico, que no hay ninguna evidencia científica ni verificación arqueológica que sostenga la leyenda o fábula del éxodo guiado por Moisés. No es el primero que lo hace, pero viniendo de un académico israelí el impacto es grande. Conozco israelíes que leyendo este libro con la mente abierta, se vieron particularmente afectados por el desmantelamiento de este mito tan sagrado y venerado, tanto por religiosos como porno-religiosos.

El mito del exilio del pueblo judío por parte de los romanos. Otra tecla delicada, aguda y muy sonora. Zand recuenta datos y hechos históricos que demuestran que la conquista romana no produjo el exilio masivo de los judíos, lo cual contradice, no solo el “conocimiento general” de la historia hasta ahora, sino que en particular se enfrenta con una de las más importantes tesis de la Declaración de la Independencia de Israel.

El mito de la existencia del poderoso Reino Judío unificado de David y Salomón. Estridente sonido, totalmente insoportable para los oídos de muchos, ya que este mito se encuentra en el centro de la caracterización de la “nación milenaria”.

El mito de la religión judía como el de una religión “cerrada”, que no busca ni admite prosélitos. Creo no equivocarme si sostengo que todo el mundo hoy sostiene y fomenta este mito. Aquello de que “eres judío solamente si naciste de vientre judío”. Aunque tampoco exclusivo a él, Zand da numerosos elementos de cómo en la historia antigua y hasta el medievo, el judaísmo era en realidad una superestructura religiosa e ideológica que no sólo buscaba prosélitos, sino que encontraba fácilmente masas, pueblos enteros, ansiosos de convertirse al judaísmo. Decir esto hoy en día en, por ejemplo, la ciudad de Panamá, seguramente provocaría risas y embarazo, debido a lo extremadamente cerrada y elitista que es la comunidad judía en esa ciudad, pero he aquí que no ha sido siempre así. Zand llega a sostener que los judíos yemenitas y los judíos etíopes son seguramente conversos, así como tal vez la mayoría de los judíos del norte de áfrica, y por ende los judíos que llegaron a España con los Berberiscos.

El mito racial ashkenazi. Al pulsar esta tecla, Zand hizo estallar el piano. Básicamente sostiene que la mayoría de los judíos provenientes de Europa oriental, conocidos como ashkenazis, tienen seguramente un origen étnico en conversos del desaparecido Reino Jázaro (que existió entre el siglo I y el siglo X DC en lo que es hoy el sur de Rusia), y no necesariamente en “la semilla de Abraham”. Digo que Zand rompió el piano al pulsar esta tecla porque este sólo punto se ha convertido para muchos, racistas de ambos lados, semitas y antisemitas, en el eje central del libro, siendo que de ninguna manera lo es. Pero es sencillamente impresionante ver cómo este delicado asunto racial ha llenado de bilis los cerebros de críticos en todo el mundo, y sobre todo entre gente de la comunidad judía de EEUU. Terrible. En las palabras que escribe a suerte de postdata a la segunda edición inglesa de su libro (ver adjunto), Zand se lamenta de ver la terrible ironía de que los hijos de aquellos que sufrieron en carne propia las terribles consecuencias de una ideología social basada en “pureza racial”, en la que se implementó aquella “madre de todo terrorismo de Estado”, el holocausto nazi, anden buscando hoy pruebas de ADN para justificar la “pureza” de su ascendencia racial milenaria.

Y hay más, mucho más.

Pero desde mi perspectiva, el eje central de este extraordinario libro, es la definición de que todos los mitos históricos arriba expuestos sirvieron de base para la construcción (invención) de una “idea nacional”, la moderna ideología sionista, producto de la cristalización de ideas nacionales en todo el mundo a fines del siglo XIX, y no antes, y que permitieron la creación de un Estado de características coloniales etnocentristas en pleno apogeo mundial de la democracia burguesa liberal.

Zand no duda en negar que el carácter del Estado de su país sea democrático-liberal, sino el de una teocracia absolutista, o en el mejor de los casos el de una etnocracia segregacionista.

A pesar de que la crítica, sobre todo proveniente de los sionistas en EEUU, le atribuye a Zand el ser, ¡Horror!, comunista, Zandno parte de una caracterización marxista de la historia de los judíos, y en realidad los modelos de régimen político consagrados por el capitalismo en su etapa imperialista-las democracias liberales- son para él un modelo a seguir. Zand desearía para su país un modelo político similar al de EEUU o de Bélgica.

Zand sostiene que el sionismo ha fracasado históricamente en construir una nación por el sencillo hecho de que la absoluta y abrumadora mayoría de los judíos del mundo no quieren, ni se proponen siquiera, vivir bajo “soberanía judía” -emigrar a Israel, sino que prefieren por lejos seguir siendo cómodamente ciudadanos de los países occidentales donde residen, a la vez que mantienen “la carta en la manga” de ser también ciudadanos potenciales (pero de hecho) del país supranacional. Esto es totalmente cierto.

Pero el sionismo ha triunfado sin embargo en construir un Estado capitalista “clásico” en medio oriente, y este triunfo es además particularmente sui generis, en el sentido de que es el único Estado Capitalista en el mundo entero donde la clase dominante, la burguesía colonial, es supranacional, y donde hasta la propiedad de la tierra –derecho burgués básico- está en manos de un ente supranacional, ni siquiera en manos del Estado. Israel no es una democracia liberal, propiedad de todos los ciudadanos que la habitan, sino un Estado burgués colonial propiedad de los judíos de todo el mundo, vivan o no vivan en Israel.

En su afán de proveer un “refugio” a las masas judías contra el antisemitismo, el sionismoha logrado en un sentido la continuidad moderna del antisemitismo. El pueblo judío ya no es más un “pueblo-clase”, según la definición de Abraham León, “ubicado en los poros” de la sociedad feudal, y posteriormente en los poros de la sociedad capitalista. En virtud del sionismo, el pueblo judío es hoy una especie de “pueblo-Estado”, colonizador, agresor y militarista, a quien las masas populares del mundo difícilmente puedan ver como amigo o aliado. Zand teme que la “nueva identidad judía”, la cual “conduce a los judíos a un aislamiento de sus vecinos y conlleva una identificación de los judíos con el militarismo israelí” sea hoy por hoy una fuente de preocupación. Y tiene razón. En mi opinión, no habrá paz en medio oriente mientras el Estado de Los Judíos siga siendo un ente supranacional, a contracorriente incluso de la misma historia del desarrollo del capitalismo moderno.

Y sin embargo, la esperanza

Noten que hasta ahora no he dicho nada respecto a “la causa palestina”. Por supuesto que ShlomoZand sí aborda el tema en su libro. Muy en resumen, como su idea de estado liberal es, dijimos, la de por ejemplo Bélgica, Zand aboga de última por un Estado Laico Binacional para su país, en donde los palestinos, junto con toda la población nativa, tengan plenos derechos igualitarios. Yo personalmente no estoy tan seguro. Aunque reconozco total y absolutamente el pleno derecho del pueblo palestino (creado por el sionismo) a la soberanía y la autodeterminación nacional, confieso que se me hace muy difícil ver una dirección clara, en vista del carácter corrupto y maniobrero de la dirección política actual de los palestinos no religiosos, y sobre todo, sobre todo, el carácter criminal, retrógado y oscurantista de los elementos teocráticos islamistas que al parecer están ganado la simpatía de la mayoría palestina.

Existe por otro lado hoy en día en el espectro político israelí un grupo de intelectuales que han formado un movimiento cívico autodenominado Aní Israelí אני ישראלי (yo soy israelí). Creo -no estoy seguro- que ShlomoZand es uno de los firmantes de su proclamación de principios. Este movimiento se ha enfrentado al establishment sionista, incluyendo su aparato legal, reclamando el derecho a la existencia de la nacionalidad israelí para todos los habitantes de esa tierra, al margen de su origen étnico o religioso.

Este movimiento reclama a viva voz el derecho a la existencia continuada de la sociedad israelí, que como un faitaccompli está hoy compuesta por una mayoría judía, y ha dado pruebas extraordinarias de una pujante cultura, que ha generado dentro de sí una (todavía lamentablemente pequeña) minoría generadora de humanismo y pensamiento libre, de la cual el libro de ShlomoZand es una muestra.

Zand sueña:

“Y al final del día, si fue posible cambiar la imaginería histórica de manera tan radical, ¿por qué no reclamar también la creación, por medio de mucha imaginación, de un mañana de otro tipo? Si el pasado de la nación fue en su mayor parte un sueño, ¿por qué no comenzar a soñar el futuro de nuevo, un momento antes de que el sueño se transforme en una pesadilla?”

El negro Gómez

Coyoacán, 27 de diciembre de 2010



[1] Basta realizar una búsqueda en internet con las palabras ShlomoZand, o Sand, theinvention of thejewishpeople, para verificar la existencia de esta avalancha de críticas, casi todas dirigidas a descalificar personalmente y académicamente al autor, más que a ofrecer argumentos científicos en contra del contenido del libro.

[2] Excepto los niños nacidos de trabajadores inmigrantes no-judíos, ya sean legales o ilegales, como comenté en otro artículo escrito haces unos meses, titulado “1200 noodles”.

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