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martes, 10 de enero de 2012
documental
http://www.alternativenews.org/castellano/index.php/topics/economy-of-the-occupation/3088-articulo-6
lunes, 29 de agosto de 2011
Ali Abu Awwad (de la película Punto de encuentro) - Resistencia no violenta en Palestina
Muchas gracias a Gladis Banegas por el envío en fb.
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miércoles, 10 de agosto de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
Segundo ciclo de cine euroárabe Amal en la Biblioteca Nacional, Buenos Aires.
Gracias a Mónica Szurmuk por el envío
VIERNES 15 GALA DE APERTURA | 19:00hs -Acto de Apertura: 20:00hs -MUS: Fertil SoundSystem + Mariem Labidi |
LUNES 18 MUJERES ÁRABES | 17:30hs -COR: Mi Muñeca de Trapo (26 min) Qatar |
MIERCOLES 20 CINE DE PALESTINA | 18:00hs -COR: Gaza - Londres (14 min) Reino Unido |
JUEVES 21 NARRADORES | 15:30hs -DOC: Los olvidados del Cassis (70 min) Francia 17:00hs -DOC: El cuentacuentos (90 min)Alemania / Marruecos19:00hs-FIC: El Tiempo restante (109 min) Bélgica / Reino Unido / Francia |
DOMINGO 24 “QUIEN NO SABE SONREIR, NO DEBERÍA ABRIR TIENDA” (Proverbio Árabe) | |
LUNES 25 2º MESA DE ENCUENTRO: “MUJERES ÁRABES” | 19:00hs - MUJERES ÁRABESCONF: Coordinadora: Lic. Eugenia Tarzibachi Exponen: -Karen Marón (Periodista y Corresponsal Internacional) -Lic. Carolina Bracco (Página 12) |
martes, 17 de mayo de 2011
Cine palestino
http://www.nodo50.org/csca/agenda11/palestina/arti84.html
En memoria de Juliano Mer Khamis
http://muestradecinepalestino.com/ciclo-documenta-madrid-2011/secciones-documentamadrid2011/
En memoria de Juliano Mer Khamis
http://muestradecinepalestino.com/ciclo-documenta-madrid-2011/secciones-documentamadrid2011/
viernes, 4 de marzo de 2011
El cine como patria
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-20940-2011-03-04.html
martes, 21 de diciembre de 2010
Hebron en mi corazón, película de Eran Torbiner
Del mismo realizador de Matzpen, con Haim Hanegbi y Khaled Osaily
http://www.youtube.com/watch?v=Hy5L8F-HnMM&feature=player_embedded
http://www.youtube.com/watch?v=Hy5L8F-HnMM&feature=player_embedded
miércoles, 24 de febrero de 2010
Mahmud Darwish - "Notre musique" de Godard
En el ciclo de cine-debate "¿Paz o pax en Medio Oriente?" aparecía Mahmud Darwish en una escena lacónicamente traducida, en diálogo con Judit Lerner. Aquí hay un fragmento de otra entrevista en la que el poeta dice mucho sobre el tema que apenas queda sugerido en el subtitulado español a la película:
PALESTINA COMO METÁFORA
—He optado por ser un poeta troyano. Pertenezco decididamente al campo de los perdedores. Los perdedores que han sido privados del derecho a dejar huella alguna de su derrota y del derecho a proclamarla (...).»Tomo partido por Troya, pues Troya es la víctima. Mi educación, mi manera de ser y mi experiencia son las de una víctima. Y mi conflicto con el Otro gira en torno a una sola pregunta: ¿quién de los dos merece, hoy, el estatuto de víctima? En repetidas ocasiones he dicho al Otro bromeando: cambiemos los papeles. Usted es una víctima victoriosa, erizada de cabezas nucleares. Yo, una víctima dominada, erizada de cabezas poéticas. No sé si la supremacía poética nos proporcionará legitimidad nacional. Pero la poesía es mi oficio. (...)»He deseado tantas veces ser victorioso para poner a prueba mi humanismo, mi capacidad de ser solidario con una víctima que, de alguna forma, ha contribuido a labrar su propio destino. (...)»No siento ninguna vergüenza de colocarme del lado de los perdedores. Pues tengo la convicción de que la derrota implica una mayor carga poética.»Podemos hacer concesiones y ponernos de acuerdo sobre todo, salvo la historia. Podemos compartir la tierra, las ventanas de los sueños, la fusión de la flauta con la flauta, los mitos nacidos en esta tierra, todo lo que usted quiera.»Tengo ventaja sobre el enemigo en este aspecto. Considero que la Biblia es parte integrante de mi herencia, mientras que el islam no lo es de la suya. No tengo ningún problema en considerarme el producto, el mestizo, de todo lo que esta tierra palestina ha dicho, de todo lo que la humanidad ha dicho. Pero él se niega a hacer lo mismo, prohibiéndome asociarme a su identidad cultural y humana. Es él el que reduce su identidad y la hace selectiva. Podríamos entendernos sobre todo, salvo sobre la historia, y no hay ninguna resolución internacional, que yo sepa, que nos imponga que nos entendamos sobre la historia. (...)»No creo que haya en el mundo un solo pueblo al que se le pida todos los días que pruebe su identidad como a los árabes. Nadie dice a los griegos: ustedes no son griegos; a los franceses: ustedes no son franceses. Pero el árabe debe presentar permanentemente sus documentos de identidad, porque se busca que dude de sí mismo. Yo no estoy obsesionado por la genealogía ni la parentela. La única identidad que proclamo (...) es “Yo soy mi lengua”. Ni más ni menos. Y digo que en esta lengua se percibe la vecindad de los romanos, los persas y tantos otros pueblos. Sólo me reconozco en mi lengua, y no estoy preocupado en absoluto por las “diferencias” de raza o sangre. No creo en las razas puras, ni en Oriente Medio ni en otra parte. Al contrario, estoy convencido de que el mestizaje me enriquece y enriquece mi cultura. Es el Otro el que me exige sin cesar que sea un árabe, por supuesto, según su propia definición de arabidad. (...)»Recuerdo una conversación entre Jean Genet y Juan Goytisolo. Genet, que despreciaba el concepto de patria, dijo a Goytisolo: “La patria es la idea más estúpida que existe, salvo para quienes están privados de ella, como los palestinos”. “¿Qué sucederá cuando los palestinos hayan encontrado su patria?”. “Podrán tirarla entonces por la ventana”, respondió Genet. (...)»Soy árabe, y mi lengua conoció el mayor florecimiento cuando estuvo abierta a los otros, a la humanidad entera. (...) No existe gueto en mi identidad. Mi problema reside en lo que el Otro ha decidido ver en mi identidad. Y, sin embargo, yo le digo: esta es mi identidad, compártela conmigo, es lo suficientemente amplia como para acogerte; nosotros, los árabes, solo tuvimos una verdadera civilización cuando salimos de nuestras tiendas para abrirnos a lo múltiple y lo diferente. No soy de los que sufren una crisis de identidad, ni de los que no cesan de preguntarse: ¿quién es árabe? ¿Qué es la nación árabe? Soy árabe porque el árabe es mi lengua, y, en el actual debate, hago una encarnizada defensa de la lengua árabe, no para salvaguardar mi identidad, sino por mi existencia, mi poesía y mi derecho a cantar».
Fragmentos de la entrevista con el poeta libanés Abbas Baydun,Al-Wasat, septiembre-octubre 1995, recogida en La Palestine comme métaphore, Sindbad-Actes Sud, 1997
Tomado de http://www.orienteymediterraneo.com/11.html
PALESTINA COMO METÁFORA
—He optado por ser un poeta troyano. Pertenezco decididamente al campo de los perdedores. Los perdedores que han sido privados del derecho a dejar huella alguna de su derrota y del derecho a proclamarla (...).»Tomo partido por Troya, pues Troya es la víctima. Mi educación, mi manera de ser y mi experiencia son las de una víctima. Y mi conflicto con el Otro gira en torno a una sola pregunta: ¿quién de los dos merece, hoy, el estatuto de víctima? En repetidas ocasiones he dicho al Otro bromeando: cambiemos los papeles. Usted es una víctima victoriosa, erizada de cabezas nucleares. Yo, una víctima dominada, erizada de cabezas poéticas. No sé si la supremacía poética nos proporcionará legitimidad nacional. Pero la poesía es mi oficio. (...)»He deseado tantas veces ser victorioso para poner a prueba mi humanismo, mi capacidad de ser solidario con una víctima que, de alguna forma, ha contribuido a labrar su propio destino. (...)»No siento ninguna vergüenza de colocarme del lado de los perdedores. Pues tengo la convicción de que la derrota implica una mayor carga poética.»Podemos hacer concesiones y ponernos de acuerdo sobre todo, salvo la historia. Podemos compartir la tierra, las ventanas de los sueños, la fusión de la flauta con la flauta, los mitos nacidos en esta tierra, todo lo que usted quiera.»Tengo ventaja sobre el enemigo en este aspecto. Considero que la Biblia es parte integrante de mi herencia, mientras que el islam no lo es de la suya. No tengo ningún problema en considerarme el producto, el mestizo, de todo lo que esta tierra palestina ha dicho, de todo lo que la humanidad ha dicho. Pero él se niega a hacer lo mismo, prohibiéndome asociarme a su identidad cultural y humana. Es él el que reduce su identidad y la hace selectiva. Podríamos entendernos sobre todo, salvo sobre la historia, y no hay ninguna resolución internacional, que yo sepa, que nos imponga que nos entendamos sobre la historia. (...)»No creo que haya en el mundo un solo pueblo al que se le pida todos los días que pruebe su identidad como a los árabes. Nadie dice a los griegos: ustedes no son griegos; a los franceses: ustedes no son franceses. Pero el árabe debe presentar permanentemente sus documentos de identidad, porque se busca que dude de sí mismo. Yo no estoy obsesionado por la genealogía ni la parentela. La única identidad que proclamo (...) es “Yo soy mi lengua”. Ni más ni menos. Y digo que en esta lengua se percibe la vecindad de los romanos, los persas y tantos otros pueblos. Sólo me reconozco en mi lengua, y no estoy preocupado en absoluto por las “diferencias” de raza o sangre. No creo en las razas puras, ni en Oriente Medio ni en otra parte. Al contrario, estoy convencido de que el mestizaje me enriquece y enriquece mi cultura. Es el Otro el que me exige sin cesar que sea un árabe, por supuesto, según su propia definición de arabidad. (...)»Recuerdo una conversación entre Jean Genet y Juan Goytisolo. Genet, que despreciaba el concepto de patria, dijo a Goytisolo: “La patria es la idea más estúpida que existe, salvo para quienes están privados de ella, como los palestinos”. “¿Qué sucederá cuando los palestinos hayan encontrado su patria?”. “Podrán tirarla entonces por la ventana”, respondió Genet. (...)»Soy árabe, y mi lengua conoció el mayor florecimiento cuando estuvo abierta a los otros, a la humanidad entera. (...) No existe gueto en mi identidad. Mi problema reside en lo que el Otro ha decidido ver en mi identidad. Y, sin embargo, yo le digo: esta es mi identidad, compártela conmigo, es lo suficientemente amplia como para acogerte; nosotros, los árabes, solo tuvimos una verdadera civilización cuando salimos de nuestras tiendas para abrirnos a lo múltiple y lo diferente. No soy de los que sufren una crisis de identidad, ni de los que no cesan de preguntarse: ¿quién es árabe? ¿Qué es la nación árabe? Soy árabe porque el árabe es mi lengua, y, en el actual debate, hago una encarnizada defensa de la lengua árabe, no para salvaguardar mi identidad, sino por mi existencia, mi poesía y mi derecho a cantar».
Fragmentos de la entrevista con el poeta libanés Abbas Baydun,Al-Wasat, septiembre-octubre 1995, recogida en La Palestine comme métaphore, Sindbad-Actes Sud, 1997
Tomado de http://www.orienteymediterraneo.com/11.html
miércoles, 6 de enero de 2010
Comentario a la película "El limonero"
Gracias a Javier Aviña por el envío. Fuente: www.eduarueca.org
Hasta los árboles sufren en Palestina
Película: Los Limoneros
Nota de Presentación de Luisa Morgantini en Italia de la película LOS LIMONEROS dirigida por Eran Riklis
¿Cuántas emociones contiene esta película? ¿Cuántas verdades? Hasta los árboles sufren en Palestina. Cuando “Teodora Movies” me contactó para escribir sobre la nueva película de Eran Riklis titulada Los Limoneros, evoqué otra historia contada en un libro sobre un anciano palestino que, gravemente enfermo, decidió ir a visitar su casa en Ramleh, de donde fue obligado a huir en 1948. Su hijo lo acompañó. Una mujer abrió la puerta del hogar de su infancia y no lo echó; al contrario, lo dejó entrar y él le preguntó si podría ver el limonero del jardín: aún estaba allí, pidió un limón y lo apretó con fuerza. El limón seguía en su mano una semana después, cuando falleció. La mujer, que en realidad existe, se llama Dalia, y actualmente la casa se ha transformado en una escuela para estudiantes israelíes de origen palestino y para israelíes judíos.
Y yo, en mi pequeño jardín, he plantado un limonero y un olivo. Y lo hice pensando en todos esos campesinos, mujeres y hombres, a los que vi llorando durante todos estos años, gritando o sollozando en silencio. Todos ellos llorando de dolor al ver sus árboles arrancados y muertos, y también robados y vendidos en los mercados de Tel Aviv, como los olivos arrancados de Kalkilia. Miles y miles de árboles han sido arrancados y reemplazados por el muro o las carreteras que cruzan los territorios ocupados que pueden ser utilizadas exclusivamente por israelíes, como en un auténtico sistema de apartheid.
Como Dalia, Mira en “Los Limoneros”, en su papel de mujer del Ministro de Defensa, también percibe el dolor y la injusticia que sufre Salma, y no soporta vivir ni un minuto más en la casa desde la que no puede ver los limoneros sino un enorme muro gris. Marchará con el peso de su soledad y su sufrimiento, pero orgullosa, mientras en el otro lado Salma quema cosas de su pasado. Esto ilustra la locura de esa tierra. Gracias a Eran por esta película que reaviva los sentimientos y muestra las debilidades, las hipocresías, pero también la humanidad de ambas partes, así como la asimetría de aquellos que detentan el poder y la fuerza militar y los que sufren humillación y desposeimiento. Y arroja luz sobre la gran dignidad y resistencia de ambas mujeres.
Como las Mujeres de Negro israelíes que, desde la primera “Intifada”, han permanecido en silencio, vestidas de negro cada viernes en una plaza de Jerusalén diciendo “NO” a la ocupación militar, y que junto a un puñado de mujeres palestinas, unidas en el ‘Jerusalén Link’, rechazan ser “enemigas” e intentan construir algo juntas en reconocimiento de los derechos de libertad y emancipación de la mujer. En Italia también hemos contribuido a este movimiento y a la construcción de una red internacional de Women in Black (Mujeres de Negro) en contra de la guerra y la violencia, que actúa en tiempos de conflicto y construye relaciones e intercambios entre mujeres en zonas de guerra y violencia, como en Colombia, en la antigua Yugoslavia, Afganistán, India, Congo, Kurdistán y muchos otros lugares. E igualmente, junto con Palestinas, Israelíes y mujeres internacionales, hemos creado la primera Comisión Internacional de Mujeres, con el objetivo de poner en práctica la resolución 1325 de Naciones Unidas para la participación de mujeres en negociaciones. Esta comisión está compuesta por 20 mujeres palestinas, 20 israelíes y 20 internacionales. Entre esas mujeres, entre nosotras, hay mujeres que desempeñan importantes responsabilidades institucionales, y hay también activistas, mujeres que quieren la paz, pero una paz que incluya justicia. Hay mucha gente en Palestina e Israel, y no solamente los movimientos de mujeres, que cree en la paz y rechaza la violencia: las acciones llevadas a cabo por esos movimientos representan esperanza, fuerza, humanidad. Nuestros gobiernos y la Comunidad Internacional deberían escucharles para poner fin a la ocupación israelí y asegurar que palestinos e israelíes pueden vivir en paz y seguridad, sin muros, sin colonos, y de esa manera los limoneros, los olivos y todas las demás especies podrán florecer sin ser sujeto/objeto de disputas.
Este fue también el deseo de Hagar, una de las fundadoras de las Mujeres de Negro israelíes, que murió en una isla griega. La víspera de su muerte, estuvimos contemplando los olivos, hermosos y exuberantes. “Es maravilloso –dijo Hagar con tristeza- contemplar los olivos sin el temor a que una excavadora les arranque para construir un asentamiento o una carretera para colonos”. Nosotras, como mujeres de negro, renombramos la plaza de Jerusalén en la que nos manifestamos cada viernes durante los últimos 20 años, Plaza Hagar Roublev.
Sinceramente deseo que todos, hombres y mujeres, vean esta película
Por Luisa Morgantini
Vice-presidenta del Parlamento Europeo Una de las fundadoras de la red internacional Mujeres de Negro contra la guerra y la violencia y de la Comisión Internacional de Mujeres
Traducción del inglés: Cesar Martínez
SOBRE LA PELÍCULA:
"Los limoneros" es una película estimulante sobre la esperanza, capaz de captar la realidad y el sufrimiento de aquellos que viven en Israel y Palestina. El director es el israelí Eran Riklis y nos ofrecer el escaso, casi nulo contacto entre estados comunidades que tienen tantas cosas en común y, a la vez, tan pocas. El examen de esta película es un reto y una forma de olvidar todo lo que uno ha visto o escuchado de Israel y Palestina y empezar de nuevo. Los responsables de la cinta tienen una mente muy abierta, y solo hablan de pueblo, no de la guerra, el terrorismo o la política. La actuación la fotografía, la edición y la muestra que nos aporta de Israel y Palestina merece una mención especial. Eran Riklis consigue una potente historia de ficción. "Los limoneros" se ha llevado el premio a la mejor película en el festival de cine de Berlín.
+ DE Yolanda JB - http://www.educarueca.org•
Propuestas para alojar el VII CLAUSTRO IDEAL OFICIAL (VII C.I.O.)
• Umoja, aldea de mujeres
• Miguel o el delito de la hospitalidad
• Artistas contra la guerra
• I Jornadas de Software Libre en la Enseñanza en Ourense - Galiza+ EN VARIOS
• HE PLANTADO UN JARDÍN
• RECETA PARA LOS PERFECTAS BOMBAS SUICIDAS
• Dinámicas - Educación en Derechos Humanos
• La hora 31
Descubrir América quinientos años después.
• sindinero.org
• Gaza, un llamado israelí a la acción urgente
• Los "diamantes ensangrentados" son todavía una realidad
Hasta los árboles sufren en Palestina
Película: Los Limoneros
Nota de Presentación de Luisa Morgantini en Italia de la película LOS LIMONEROS dirigida por Eran Riklis
¿Cuántas emociones contiene esta película? ¿Cuántas verdades? Hasta los árboles sufren en Palestina. Cuando “Teodora Movies” me contactó para escribir sobre la nueva película de Eran Riklis titulada Los Limoneros, evoqué otra historia contada en un libro sobre un anciano palestino que, gravemente enfermo, decidió ir a visitar su casa en Ramleh, de donde fue obligado a huir en 1948. Su hijo lo acompañó. Una mujer abrió la puerta del hogar de su infancia y no lo echó; al contrario, lo dejó entrar y él le preguntó si podría ver el limonero del jardín: aún estaba allí, pidió un limón y lo apretó con fuerza. El limón seguía en su mano una semana después, cuando falleció. La mujer, que en realidad existe, se llama Dalia, y actualmente la casa se ha transformado en una escuela para estudiantes israelíes de origen palestino y para israelíes judíos.
Y yo, en mi pequeño jardín, he plantado un limonero y un olivo. Y lo hice pensando en todos esos campesinos, mujeres y hombres, a los que vi llorando durante todos estos años, gritando o sollozando en silencio. Todos ellos llorando de dolor al ver sus árboles arrancados y muertos, y también robados y vendidos en los mercados de Tel Aviv, como los olivos arrancados de Kalkilia. Miles y miles de árboles han sido arrancados y reemplazados por el muro o las carreteras que cruzan los territorios ocupados que pueden ser utilizadas exclusivamente por israelíes, como en un auténtico sistema de apartheid.
Como Dalia, Mira en “Los Limoneros”, en su papel de mujer del Ministro de Defensa, también percibe el dolor y la injusticia que sufre Salma, y no soporta vivir ni un minuto más en la casa desde la que no puede ver los limoneros sino un enorme muro gris. Marchará con el peso de su soledad y su sufrimiento, pero orgullosa, mientras en el otro lado Salma quema cosas de su pasado. Esto ilustra la locura de esa tierra. Gracias a Eran por esta película que reaviva los sentimientos y muestra las debilidades, las hipocresías, pero también la humanidad de ambas partes, así como la asimetría de aquellos que detentan el poder y la fuerza militar y los que sufren humillación y desposeimiento. Y arroja luz sobre la gran dignidad y resistencia de ambas mujeres.
Como las Mujeres de Negro israelíes que, desde la primera “Intifada”, han permanecido en silencio, vestidas de negro cada viernes en una plaza de Jerusalén diciendo “NO” a la ocupación militar, y que junto a un puñado de mujeres palestinas, unidas en el ‘Jerusalén Link’, rechazan ser “enemigas” e intentan construir algo juntas en reconocimiento de los derechos de libertad y emancipación de la mujer. En Italia también hemos contribuido a este movimiento y a la construcción de una red internacional de Women in Black (Mujeres de Negro) en contra de la guerra y la violencia, que actúa en tiempos de conflicto y construye relaciones e intercambios entre mujeres en zonas de guerra y violencia, como en Colombia, en la antigua Yugoslavia, Afganistán, India, Congo, Kurdistán y muchos otros lugares. E igualmente, junto con Palestinas, Israelíes y mujeres internacionales, hemos creado la primera Comisión Internacional de Mujeres, con el objetivo de poner en práctica la resolución 1325 de Naciones Unidas para la participación de mujeres en negociaciones. Esta comisión está compuesta por 20 mujeres palestinas, 20 israelíes y 20 internacionales. Entre esas mujeres, entre nosotras, hay mujeres que desempeñan importantes responsabilidades institucionales, y hay también activistas, mujeres que quieren la paz, pero una paz que incluya justicia. Hay mucha gente en Palestina e Israel, y no solamente los movimientos de mujeres, que cree en la paz y rechaza la violencia: las acciones llevadas a cabo por esos movimientos representan esperanza, fuerza, humanidad. Nuestros gobiernos y la Comunidad Internacional deberían escucharles para poner fin a la ocupación israelí y asegurar que palestinos e israelíes pueden vivir en paz y seguridad, sin muros, sin colonos, y de esa manera los limoneros, los olivos y todas las demás especies podrán florecer sin ser sujeto/objeto de disputas.
Este fue también el deseo de Hagar, una de las fundadoras de las Mujeres de Negro israelíes, que murió en una isla griega. La víspera de su muerte, estuvimos contemplando los olivos, hermosos y exuberantes. “Es maravilloso –dijo Hagar con tristeza- contemplar los olivos sin el temor a que una excavadora les arranque para construir un asentamiento o una carretera para colonos”. Nosotras, como mujeres de negro, renombramos la plaza de Jerusalén en la que nos manifestamos cada viernes durante los últimos 20 años, Plaza Hagar Roublev.
Sinceramente deseo que todos, hombres y mujeres, vean esta película
Por Luisa Morgantini
Vice-presidenta del Parlamento Europeo Una de las fundadoras de la red internacional Mujeres de Negro contra la guerra y la violencia y de la Comisión Internacional de Mujeres
Traducción del inglés: Cesar Martínez
SOBRE LA PELÍCULA:
"Los limoneros" es una película estimulante sobre la esperanza, capaz de captar la realidad y el sufrimiento de aquellos que viven en Israel y Palestina. El director es el israelí Eran Riklis y nos ofrecer el escaso, casi nulo contacto entre estados comunidades que tienen tantas cosas en común y, a la vez, tan pocas. El examen de esta película es un reto y una forma de olvidar todo lo que uno ha visto o escuchado de Israel y Palestina y empezar de nuevo. Los responsables de la cinta tienen una mente muy abierta, y solo hablan de pueblo, no de la guerra, el terrorismo o la política. La actuación la fotografía, la edición y la muestra que nos aporta de Israel y Palestina merece una mención especial. Eran Riklis consigue una potente historia de ficción. "Los limoneros" se ha llevado el premio a la mejor película en el festival de cine de Berlín.
+ DE Yolanda JB - http://www.educarueca.org•
Propuestas para alojar el VII CLAUSTRO IDEAL OFICIAL (VII C.I.O.)
• Umoja, aldea de mujeres
• Miguel o el delito de la hospitalidad
• Artistas contra la guerra
• I Jornadas de Software Libre en la Enseñanza en Ourense - Galiza+ EN VARIOS
• HE PLANTADO UN JARDÍN
• RECETA PARA LOS PERFECTAS BOMBAS SUICIDAS
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• La hora 31
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domingo, 6 de diciembre de 2009
Sobre Ruta 181: el juicio de Finkielkraut contra Eyal Sivan
Muchas gracias a Irmgard Emmelheinz por el envío.
Issue 26 Magic Summer 2007
The Barber Trial: Sivan vs. Finkielkraut
Thomas Keenan and Eyal Weizman
Transcript of trialEnglish translation and French transcript of the trial available here
Cabinet at DocumentaCabinet re-examines this trial at Documenta
In February 2004, French-Israeli filmmaker Eyal Sivan filed a libel suit in the Paris courts against philosopher Alain Finkielkraut. The previous year, Sivan, working with Palestinian filmmaker Michel Khleifi, had released Route 181: Extracts from a Palestinian-Israeli Journey—a four-and-a-half-hour travel documentary tracing what remains, in the memories of the landscape and its inhabitants, of the violent expulsion in 1947–1948 of some three-quarters of a million Palestinians from the territory that would become the state of Israel. The film had been aired on the European cultural television channel Arte in November 2003, and a few days later, on November 30, Finkielkraut was interviewed on the French Jewish radio station RJC. In the radio broadcast, Finkielkraut launched an aggressive critique of the film, arguing that its entire meaning rested on a false analogy between Israel’s 1948 war of independence and the Nazi Holocaust, that the film was a “call to murder,” that Arte was guilty of “incitement to hatred,” and that Sivan himself was representative of a “particularly painful, particularly frightening reality—Jewish anti-Semitism.” The case came to trial on 23 May 2006, and the official transcript of the proceedings at the Palais de Justice, Paris, is translated here in its entirety. The case revolved around witnesses, in the courtroom and in the film. To testify on his behalf, Finkielkraut called on the filmmaker Claude Lanzmann; historian and former Israeli ambassador to France, Eli Bar-Navi; and Anny Dayan, a cinema studies professor and pro-Israel activist based in Paris. Sivan called two left Israeli intellectuals: philosopher Adi Ophir, and film theorist Haim Bresheeth, as well as Parisian publisher/activist François Maspero, who established his radical publishing house against the background of the Algeria war. Finkielkraut himself was the first witness, and having affirmed that he had indeed made the remarks in question, he produced a simple but forceful intertextual reading of the film in order to justify his critique. Route 181, he told the court, “rests entirely on an analogy between the fate of the Palestinians from 1947 to the present day, and the destiny of Jews under Nazism. It is a constant plagiarism of Lanzmann’s film.” Lanzmann’s film is, of course, Shoah, his 1985 nine-and-a-half-hour documentary oral history of the Holocaust.1 Shoah introduced a new sensibility to documentary filmmaking—it rejected the use of archival footage and instead planted itself militantly in the present, in the ruins of the European camps, and in the voices and memories of the witnesses and participants, victims and, to a lesser extent, perpetrators. Shoah does not include a single archival frame.2 It came to define what Lanzmann called a cinema of “transmission,” a visual strategy that did not simply privilege but relentlessly investigated the act and status of the eyewitness. Finkielkraut’s accusation of plagiarism turned around a reading of one of Shoah’s most celebrated sequences, in which Lanzmann interviews a survivor named Abraham Bomba, whose task in the extermination camp of Treblinka was to cut the hair of Jews before they were led into the gas chambers. The interview, in which Lanzmann pushes Bomba to describe his work in the camp, is conducted as Bomba cuts the hair of one of Lanzmann’s production team in a Tel Aviv barbershop. There is a barber in Route 181, too, and Finkielkraut is clearly correct that the scenes, and indeed the films, have a powerful relation. In Sivan and Khleifi’s film, a Palestinian barber in the former Palestinian town and now mixed city of Lod, near Tel Aviv airport, is filmed recounting the scene of a massacre that led to the expulsion of most of the town’s Palestinian residents in the summer of 1948. He speaks from his own active barbershop. For Finkielkraut, though, the quotation is neither an act of homage, nor an ordinary intertextual reference, nor a challenging critique of one film by another, but a hint that the film is engaged in nothing less than the identification of the expulsion of the Palestinians (the so-called Naqba, or Catastrophe) with the Shoah, and hence a decisive delegitimation of Israel’s right to exist, and hence an incitement to the murder of Jews in Israel. Sivan and Khleifi had traveled and filmed along the route outlined in UN Resolution 181—which called in November 1947 for the partition of British Mandatory Palestine into convoluted and non-contiguous Jewish and Palestinian states—and the film explores what remains of Palestine in today’s Israel. In criticizing and rejecting the politics of partition, Route 181 resurrects political ideas originating in the 1930s and implicitly advocates a federal, multi-, or bi-national, single democratic state with equal citizenship for both Arabs and Jews within Mandatory Palestine. For Finkielkraut, promoting the liberal idea of a single state for Arabs and Jews embodies nothing less than “a genocidal intention to kill if not all then most of the Jewish Israelis.” Finkielkraut repeated this accusation throughout the trial, claiming “a murderous logic is at work in this film.”3 The nature and intensity of Finkielkraut’s accusations is typical of a certain current of discourse on Israel among liberal-right French intellectuals. Since the 1980s, Finkielkraut in particular has had a special inclination to accuse the “pro-Palestinian” French left of anti-Semitism4 and, more recently, to charge multiculturalist or tolerant discourses about race with responsibility for the riots in France’s immigrant-rich banlieues.5 Finkielkraut’s attack came in the context of a series of attempts to stop Route 181 from being shown in France. In one of these cases, Jewish-French intellectuals and Israeli representatives successfully lobbied the Pompidou Center against screening Route 181 in its 2004 Festival Cinéma du réel, purportedly because of the recreation (“plagiarism”) of the barber scene. More then six hundred people, including Jean-Luc Godard, Tzvetan Todorov, and Étienne Balibar signed a petition protesting this censorship. The film has been shown a number of times in Israel. Although Nicolas Bonnal, the presiding judge at the trial, rejected Finkielkraut’s conflation of criticism of Israel with anti-Semitism, he dismissed Sivan’s petition, based on the argument that Finkielkraut’s attack was part of a legitimate political disagreement. In the wake of the trial, Arte decided to cease commissioning films from Sivan on Middle East affairs, and he lost as well his teaching position at CLEMI (French Ministry of Education’s center for information media). Sivan appealed the decision in February 2007 and the verdict was pending as this magazine went to press.6
Stills from Route 181: Extracts from a Palestinian-Israeli Journey, by Eyal Sivan and Michel Khleifi, 2003.
* * *We asked Sivan about Shoah, the barbers, partition, and history. For him and Michel Khleifi, he explained, it was not a matter of “comparing” the Shoah and the Naqba, as if they were discrete entities that required outside intervention to be brought together. Rather, he told us, they should be seen as historically continuous and contiguous, part of a single historical process extending across the decade between 1938 and 1948. Like Lanzmann, his emphasis in investigating the apparently bygone past by means of its living witnesses was to restore it to its rightful place in our present—the Palestinian catastrophe, for him, is still ongoing. “It is shocking for a Frenchman, but frequently evoked in Israel,” said Sivan. “For an Israeli Zionist poet like Avot Yeshurun, it was possible to say that ‘these two holocausts together, are the Holocaust of the Jewish people.’ The Naqba of the Arabs of Palestine and the Shoah of European Jews are two sides of a single Holocaust—ours…” The strength of Route 181 is in providing an oral history of the forgotten Naqba, in presenting scores of conversations with Israelis and Palestinians, and in unearthing stories repressed for decades. The film powerfully demonstrates Israelis’ willing ignorance of and ongoing complicity in the suffering of Palestinians and the denial of their national rights—and, paradoxically, their often remarkable recall of the events of 1948, their former Palestinian neighbors, and the intense proximity of their lost life together. In its filmic language and its relation to witnessing and testimony, Route 181 is a worthy successor to Shoah, charting a significant shift in the relation between memory, responsibility, and history. That, for Sivan, is what is at stake in the barbershops. “Abraham Bomba was staged! He was no longer a barber when he was interviewed, and three times during the interview he begs Lanzmann to stop. But Lanzmann believes that it is the victims who should bear the ‘duty of memory.’ I believe that this duty should be the perpetrators’.” Of course, Lanzmann interviewed perpetrators and not-entirely-innocent bystanders as well, and famously argued that the intent of Shoah was not to ask why (an “obscene” question, he wrote) but rather to lay out how the mass murder happened. Sivan—who had earlier, with Rony Braumann, re-edited the footage of the 1961 Eichmann trial into a powerful portrait of the banal professional “specialist”—radicalizes this pursuit, with an unexpected outcome. He told us that his project was “to treat the actors in a crime as bearers of the capacity both to witness and [to] reflect on it, and as the ones who have a ‘duty of memory.’ In the Israeli case, I am interested both in their memory of the land (before 1948) and their actions. What is surprising is to notice to what extent the analogy with the Nazi genocide existed already during the 1948 event—it was only three years after the end of the Second World War. It throws a completely new light on the myth ... that memory can be a vaccine against future crimes.” Sivan also drew our attention to the power of the camera, or rather, to the power of speaking before a camera. We asked whether his interviews aimed to produce a reflection or even a transformation in his witnesses, or simply to document their recollections, justifications, evasions. Did he want them to accept their responsibilities? He reminded us: “In the case of the Israelis, I am as responsible as they are. … I was very interested in trying to follow the structure of the discourse as a starting point for opposing it. So I was not interested just in statements but in a process of thinking. This is what the documentary camera can and even should try to do. ... The articulation of an argument in front of the camera allows the witness to think and reflect on the event, sometimes for the first time since it took place! Let’s not forget that while undertaking a collective crime, people think that they are thinking, while in fact they are merely repeating the discourse of power.” “I am as responsible as they are.” It is the very possibility of acknowledging the continuity between the Shoah and the Naqba that would, for Sivan, establish the condition for sharing a single democratic state between Jews and Palestinians. “The problem is that we Israelis must take responsibility for the deeds of our parents, deeds for which they refused to take responsibility. In the eyes of Lanzmann or Finkielkraut, if they acknowledge the crime of 1948, then Israel does not have the right to exist.” Sivan speaks instead as one who accepts that right, but differently—as a citizen. “The existence of the Israelis is careless for them, they need Israel as a concept, a shelter, an insurance company. They do not have the relation of citizens to this state, but a relation of ‘share holders’ or ‘members of a religion.’ ... For them, to acknowledge the crime is to de-sacralyze the State which replaced their Jewish identity.” For the citizen, he said, the experience of the partition and its remainders, the proximity of proximity and separation, can only issue in a sense of the inevitability of sharing: “We share the history of the land, we share a memory of the Naqba/Independence, we share a destiny. This is a basis for thinking equality.”
The authors would like to thank Haim Bresheeth and Adi Ophir for sharing their reflections on the trial. For the English translation and French transcript of the original trial, see here.
This article and accompanying transcript of the trial are published as part of Cabinet‘s contribution to Documenta 12 magazines, a collective worldwide editorial project linking over seventy print and online periodicals, as well as other media. See Documenta 12 for more information.
Para leer la nota completa (con notas a pie y fotos): http://www.cabinetmagazine.org/issues/26/sivanintro.php
Issue 26 Magic Summer 2007
The Barber Trial: Sivan vs. Finkielkraut
Thomas Keenan and Eyal Weizman
Transcript of trialEnglish translation and French transcript of the trial available here
Cabinet at DocumentaCabinet re-examines this trial at Documenta
In February 2004, French-Israeli filmmaker Eyal Sivan filed a libel suit in the Paris courts against philosopher Alain Finkielkraut. The previous year, Sivan, working with Palestinian filmmaker Michel Khleifi, had released Route 181: Extracts from a Palestinian-Israeli Journey—a four-and-a-half-hour travel documentary tracing what remains, in the memories of the landscape and its inhabitants, of the violent expulsion in 1947–1948 of some three-quarters of a million Palestinians from the territory that would become the state of Israel. The film had been aired on the European cultural television channel Arte in November 2003, and a few days later, on November 30, Finkielkraut was interviewed on the French Jewish radio station RJC. In the radio broadcast, Finkielkraut launched an aggressive critique of the film, arguing that its entire meaning rested on a false analogy between Israel’s 1948 war of independence and the Nazi Holocaust, that the film was a “call to murder,” that Arte was guilty of “incitement to hatred,” and that Sivan himself was representative of a “particularly painful, particularly frightening reality—Jewish anti-Semitism.” The case came to trial on 23 May 2006, and the official transcript of the proceedings at the Palais de Justice, Paris, is translated here in its entirety. The case revolved around witnesses, in the courtroom and in the film. To testify on his behalf, Finkielkraut called on the filmmaker Claude Lanzmann; historian and former Israeli ambassador to France, Eli Bar-Navi; and Anny Dayan, a cinema studies professor and pro-Israel activist based in Paris. Sivan called two left Israeli intellectuals: philosopher Adi Ophir, and film theorist Haim Bresheeth, as well as Parisian publisher/activist François Maspero, who established his radical publishing house against the background of the Algeria war. Finkielkraut himself was the first witness, and having affirmed that he had indeed made the remarks in question, he produced a simple but forceful intertextual reading of the film in order to justify his critique. Route 181, he told the court, “rests entirely on an analogy between the fate of the Palestinians from 1947 to the present day, and the destiny of Jews under Nazism. It is a constant plagiarism of Lanzmann’s film.” Lanzmann’s film is, of course, Shoah, his 1985 nine-and-a-half-hour documentary oral history of the Holocaust.1 Shoah introduced a new sensibility to documentary filmmaking—it rejected the use of archival footage and instead planted itself militantly in the present, in the ruins of the European camps, and in the voices and memories of the witnesses and participants, victims and, to a lesser extent, perpetrators. Shoah does not include a single archival frame.2 It came to define what Lanzmann called a cinema of “transmission,” a visual strategy that did not simply privilege but relentlessly investigated the act and status of the eyewitness. Finkielkraut’s accusation of plagiarism turned around a reading of one of Shoah’s most celebrated sequences, in which Lanzmann interviews a survivor named Abraham Bomba, whose task in the extermination camp of Treblinka was to cut the hair of Jews before they were led into the gas chambers. The interview, in which Lanzmann pushes Bomba to describe his work in the camp, is conducted as Bomba cuts the hair of one of Lanzmann’s production team in a Tel Aviv barbershop. There is a barber in Route 181, too, and Finkielkraut is clearly correct that the scenes, and indeed the films, have a powerful relation. In Sivan and Khleifi’s film, a Palestinian barber in the former Palestinian town and now mixed city of Lod, near Tel Aviv airport, is filmed recounting the scene of a massacre that led to the expulsion of most of the town’s Palestinian residents in the summer of 1948. He speaks from his own active barbershop. For Finkielkraut, though, the quotation is neither an act of homage, nor an ordinary intertextual reference, nor a challenging critique of one film by another, but a hint that the film is engaged in nothing less than the identification of the expulsion of the Palestinians (the so-called Naqba, or Catastrophe) with the Shoah, and hence a decisive delegitimation of Israel’s right to exist, and hence an incitement to the murder of Jews in Israel. Sivan and Khleifi had traveled and filmed along the route outlined in UN Resolution 181—which called in November 1947 for the partition of British Mandatory Palestine into convoluted and non-contiguous Jewish and Palestinian states—and the film explores what remains of Palestine in today’s Israel. In criticizing and rejecting the politics of partition, Route 181 resurrects political ideas originating in the 1930s and implicitly advocates a federal, multi-, or bi-national, single democratic state with equal citizenship for both Arabs and Jews within Mandatory Palestine. For Finkielkraut, promoting the liberal idea of a single state for Arabs and Jews embodies nothing less than “a genocidal intention to kill if not all then most of the Jewish Israelis.” Finkielkraut repeated this accusation throughout the trial, claiming “a murderous logic is at work in this film.”3 The nature and intensity of Finkielkraut’s accusations is typical of a certain current of discourse on Israel among liberal-right French intellectuals. Since the 1980s, Finkielkraut in particular has had a special inclination to accuse the “pro-Palestinian” French left of anti-Semitism4 and, more recently, to charge multiculturalist or tolerant discourses about race with responsibility for the riots in France’s immigrant-rich banlieues.5 Finkielkraut’s attack came in the context of a series of attempts to stop Route 181 from being shown in France. In one of these cases, Jewish-French intellectuals and Israeli representatives successfully lobbied the Pompidou Center against screening Route 181 in its 2004 Festival Cinéma du réel, purportedly because of the recreation (“plagiarism”) of the barber scene. More then six hundred people, including Jean-Luc Godard, Tzvetan Todorov, and Étienne Balibar signed a petition protesting this censorship. The film has been shown a number of times in Israel. Although Nicolas Bonnal, the presiding judge at the trial, rejected Finkielkraut’s conflation of criticism of Israel with anti-Semitism, he dismissed Sivan’s petition, based on the argument that Finkielkraut’s attack was part of a legitimate political disagreement. In the wake of the trial, Arte decided to cease commissioning films from Sivan on Middle East affairs, and he lost as well his teaching position at CLEMI (French Ministry of Education’s center for information media). Sivan appealed the decision in February 2007 and the verdict was pending as this magazine went to press.6
Stills from Route 181: Extracts from a Palestinian-Israeli Journey, by Eyal Sivan and Michel Khleifi, 2003.
* * *We asked Sivan about Shoah, the barbers, partition, and history. For him and Michel Khleifi, he explained, it was not a matter of “comparing” the Shoah and the Naqba, as if they were discrete entities that required outside intervention to be brought together. Rather, he told us, they should be seen as historically continuous and contiguous, part of a single historical process extending across the decade between 1938 and 1948. Like Lanzmann, his emphasis in investigating the apparently bygone past by means of its living witnesses was to restore it to its rightful place in our present—the Palestinian catastrophe, for him, is still ongoing. “It is shocking for a Frenchman, but frequently evoked in Israel,” said Sivan. “For an Israeli Zionist poet like Avot Yeshurun, it was possible to say that ‘these two holocausts together, are the Holocaust of the Jewish people.’ The Naqba of the Arabs of Palestine and the Shoah of European Jews are two sides of a single Holocaust—ours…” The strength of Route 181 is in providing an oral history of the forgotten Naqba, in presenting scores of conversations with Israelis and Palestinians, and in unearthing stories repressed for decades. The film powerfully demonstrates Israelis’ willing ignorance of and ongoing complicity in the suffering of Palestinians and the denial of their national rights—and, paradoxically, their often remarkable recall of the events of 1948, their former Palestinian neighbors, and the intense proximity of their lost life together. In its filmic language and its relation to witnessing and testimony, Route 181 is a worthy successor to Shoah, charting a significant shift in the relation between memory, responsibility, and history. That, for Sivan, is what is at stake in the barbershops. “Abraham Bomba was staged! He was no longer a barber when he was interviewed, and three times during the interview he begs Lanzmann to stop. But Lanzmann believes that it is the victims who should bear the ‘duty of memory.’ I believe that this duty should be the perpetrators’.” Of course, Lanzmann interviewed perpetrators and not-entirely-innocent bystanders as well, and famously argued that the intent of Shoah was not to ask why (an “obscene” question, he wrote) but rather to lay out how the mass murder happened. Sivan—who had earlier, with Rony Braumann, re-edited the footage of the 1961 Eichmann trial into a powerful portrait of the banal professional “specialist”—radicalizes this pursuit, with an unexpected outcome. He told us that his project was “to treat the actors in a crime as bearers of the capacity both to witness and [to] reflect on it, and as the ones who have a ‘duty of memory.’ In the Israeli case, I am interested both in their memory of the land (before 1948) and their actions. What is surprising is to notice to what extent the analogy with the Nazi genocide existed already during the 1948 event—it was only three years after the end of the Second World War. It throws a completely new light on the myth ... that memory can be a vaccine against future crimes.” Sivan also drew our attention to the power of the camera, or rather, to the power of speaking before a camera. We asked whether his interviews aimed to produce a reflection or even a transformation in his witnesses, or simply to document their recollections, justifications, evasions. Did he want them to accept their responsibilities? He reminded us: “In the case of the Israelis, I am as responsible as they are. … I was very interested in trying to follow the structure of the discourse as a starting point for opposing it. So I was not interested just in statements but in a process of thinking. This is what the documentary camera can and even should try to do. ... The articulation of an argument in front of the camera allows the witness to think and reflect on the event, sometimes for the first time since it took place! Let’s not forget that while undertaking a collective crime, people think that they are thinking, while in fact they are merely repeating the discourse of power.” “I am as responsible as they are.” It is the very possibility of acknowledging the continuity between the Shoah and the Naqba that would, for Sivan, establish the condition for sharing a single democratic state between Jews and Palestinians. “The problem is that we Israelis must take responsibility for the deeds of our parents, deeds for which they refused to take responsibility. In the eyes of Lanzmann or Finkielkraut, if they acknowledge the crime of 1948, then Israel does not have the right to exist.” Sivan speaks instead as one who accepts that right, but differently—as a citizen. “The existence of the Israelis is careless for them, they need Israel as a concept, a shelter, an insurance company. They do not have the relation of citizens to this state, but a relation of ‘share holders’ or ‘members of a religion.’ ... For them, to acknowledge the crime is to de-sacralyze the State which replaced their Jewish identity.” For the citizen, he said, the experience of the partition and its remainders, the proximity of proximity and separation, can only issue in a sense of the inevitability of sharing: “We share the history of the land, we share a memory of the Naqba/Independence, we share a destiny. This is a basis for thinking equality.”
The authors would like to thank Haim Bresheeth and Adi Ophir for sharing their reflections on the trial. For the English translation and French transcript of the original trial, see here.
This article and accompanying transcript of the trial are published as part of Cabinet‘s contribution to Documenta 12 magazines, a collective worldwide editorial project linking over seventy print and online periodicals, as well as other media. See Documenta 12 for more information.
Para leer la nota completa (con notas a pie y fotos): http://www.cabinetmagazine.org/issues/26/sivanintro.php
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lunes, 30 de noviembre de 2009
Milenio semanal alude al reciente ciclo de cine "¿Paz o pax en Medio Oriente?"
Gracias a Mónica Flores
El cine como territorio libre
Detrás de cada película de cine “disidente” israelí hay una realidad dolorosa, injusta o esperanzadora para explicar el añejo conflicto en Medio Oriente.
Más... http://semanal.milenio.com/node/1568
El cine como territorio libre
Detrás de cada película de cine “disidente” israelí hay una realidad dolorosa, injusta o esperanzadora para explicar el añejo conflicto en Medio Oriente.
Más... http://semanal.milenio.com/node/1568
lunes, 9 de noviembre de 2009
IV Muestra de Derechos Humanos y cine invisible Ad Hocs, 2009
Están todos invitados del miércoles al sábado. El viernes 13 a las 16 hrs. se proyectarán los siguientes documentales "invisibilizados":Ø “Lo que Israel no quiere que veamos”. Jon Sistiaga. Reportajes Cuatro, España, 2008, 45 min.
Ø “Compensaciones por el horror”. Ochenta mil supervivientes del holocausto viven en condiciones de miseria en Israel. Guy Merzo y Orly Vilnai. Producciones Shamaim y Content, Israel, 2008. 50 min.
Ø Escuelas mixtas de palestinos y judíos. “Bridge over the wadi”, Heyman Brothers Films. 2006. 50 min.
Ø Abusos sexuales y el Vaticano, Up Roar for BBC, 2006. Reino Unido, 50 min.
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jueves, 15 de octubre de 2009
¿Antecedente de Waltz con Bachir?
Palestine is a graphic novel written and drawn by Joe Sacco about his experiences in the West Bank and the Gaza Strip in December 1991 and January 1992. Sacco gives a portrayal which emphasizes the history and plight of the Palestinian people, as a group and as individuals.
The book takes place over a two-month period in late 1991 early 1992, with occasional flashbacks to the expulsion of the Arabs, the beginning of the Intifada, the Gulf War and other events in the more immediate past. Sacco spent this time meeting with Palestinians in the West Bank and Gaza Strip and the narrative focuses on the minute details of everyday life in the occupied territories, presenting the daily struggles, humiliations and frustrations of the Palestinians.
The graphic novel, published in 2001 by Fantagraphics Books, is an assembly of nine stories first published in comic form in 1993; the single volume edition includes an introduction by Edward Said. In 1996, the comic was awarded the American Book Award by the Before Columbus Foundation.
How do you respond to critics who argue that your work cannot be considered journalism because of its artistic dimension?
It's perfectly valid to argue against what I do and wonder whether it can be considered journalistic. I describe my work as comic journalism, other people call it documentary journalism, but these are all just labels to me. The fact is that no one can tell an entire story, everyone concentrates on what they want to, details are cropped out of photographs, stories go through an editing process. Every portrayal is to some extent a filter, and on that level something that someone might find problematic. Ultimately, I try to be as accurate when putting down quotations and describing things. I'm not making things up even though there is an interpretive element to my work.
The book takes place over a two-month period in late 1991 early 1992, with occasional flashbacks to the expulsion of the Arabs, the beginning of the Intifada, the Gulf War and other events in the more immediate past. Sacco spent this time meeting with Palestinians in the West Bank and Gaza Strip and the narrative focuses on the minute details of everyday life in the occupied territories, presenting the daily struggles, humiliations and frustrations of the Palestinians.
The graphic novel, published in 2001 by Fantagraphics Books, is an assembly of nine stories first published in comic form in 1993; the single volume edition includes an introduction by Edward Said. In 1996, the comic was awarded the American Book Award by the Before Columbus Foundation.
How do you respond to critics who argue that your work cannot be considered journalism because of its artistic dimension?
It's perfectly valid to argue against what I do and wonder whether it can be considered journalistic. I describe my work as comic journalism, other people call it documentary journalism, but these are all just labels to me. The fact is that no one can tell an entire story, everyone concentrates on what they want to, details are cropped out of photographs, stories go through an editing process. Every portrayal is to some extent a filter, and on that level something that someone might find problematic. Ultimately, I try to be as accurate when putting down quotations and describing things. I'm not making things up even though there is an interpretive element to my work.
martes, 29 de septiembre de 2009
"Vals con Bashir": hoy a las 19 hrs. última película de "¿Paz o pax en Medio Oriente?"
Martes 29/9 a las 19 hrs. en la sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario para ver Vals con Bashir, Comentan Carmen Aristegui, Rafael Barajas El Fisgón y Marcos Límenes. Modera Pedro Miguel.
Otro gran ejerccicio de memoria y testimonio en lengua hebrea no desde el lugar de la víctima sino del victimario. Aquí la ficción veraz de la animación se presta para un dolorosísimo proceso testimonial de responsabilidad para con el otro: el otro que deja la animación para aparecer en imagen documental exigiendo justicia.
Es cierto que el cine conmueve, Aristegui dijo que "no necesariamente nos permite entender" y es cierto: si la comprensión se entiende en sentido estricto, no es suficiente para entender. El cine narra. Y se trata de una narración que es ficción veraz, como dice Benjamin, autor de "El narrador" en tanto no se presenta como cúmulo de información sino como transmisión de experiencia.
En este ciclo aprendimos y comprendimos el miedo, el dolor y la humanidad de los protagonistas de una escalada de odio que fue montada y que por lo tanto es posible y necesario, con paciencia y responsabildad, desmontar. Este ciclo (y el que lo seguirá en 2010) tienen la esperanza de que la razón ética y la imaginativa que se despiertan frente a la pantalla nos ayuden en ese desmontaje. El cine hoy está pudiendo ver y hacer ver otros aspectos que los trabajos académicos no alcanzan a teorizar. Se trata de un lenguaje que puede decir mucho más que lo que la academia quiere decir. La razón ética puede ofrecese como una línea de fuga ante el impasse al que conduce a los pueblos la palabra mendaz de la Realpolitik.
Otro gran ejerccicio de memoria y testimonio en lengua hebrea no desde el lugar de la víctima sino del victimario. Aquí la ficción veraz de la animación se presta para un dolorosísimo proceso testimonial de responsabilidad para con el otro: el otro que deja la animación para aparecer en imagen documental exigiendo justicia.
Es cierto que el cine conmueve, Aristegui dijo que "no necesariamente nos permite entender" y es cierto: si la comprensión se entiende en sentido estricto, no es suficiente para entender. El cine narra. Y se trata de una narración que es ficción veraz, como dice Benjamin, autor de "El narrador" en tanto no se presenta como cúmulo de información sino como transmisión de experiencia.
En este ciclo aprendimos y comprendimos el miedo, el dolor y la humanidad de los protagonistas de una escalada de odio que fue montada y que por lo tanto es posible y necesario, con paciencia y responsabildad, desmontar. Este ciclo (y el que lo seguirá en 2010) tienen la esperanza de que la razón ética y la imaginativa que se despiertan frente a la pantalla nos ayuden en ese desmontaje. El cine hoy está pudiendo ver y hacer ver otros aspectos que los trabajos académicos no alcanzan a teorizar. Se trata de un lenguaje que puede decir mucho más que lo que la academia quiere decir. La razón ética puede ofrecese como una línea de fuga ante el impasse al que conduce a los pueblos la palabra mendaz de la Realpolitik.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Z 32, para seguir el debate

Z 32 – Avi Mograbi
Ya casi tocando fin el ciclo de cine “Paz o pax en Medio Oriente”, quisiera seguir la discusión sobre la película Z 32 comentando algunos puntos que me parecen importantes y ojalá podamos continuar el debate en el blog. Lanzo entonces algunas cosas que me vienen a la mente:
1- Ante todo, es bueno saber que el video que empieza y termina la película (el del soldado y su novia) fue hecho por ellos y se lo llevaron al director para que los ayude a hacer de eso un documental. El chico, luego de haber pertenecido a una unidad “de élite” del ejército, como muchos otros, decide “romper el silencio” (shovrim shtikah se llama la ONG que recoge esos testimonios y que da el número del archivo, título de la película). Esta ONG últimamente aparece en los periódicos documentando la banalidad del mal (el asunto de las playeras que se puede leer en este blog, y otras confesiones más). Porque fueron ellos quienes buscaron al director, se entiende la duda de éste acerca de la moralidad de hacerlo.
2- El testimonio del joven, con el lenguaje quebrado que lo caracteriza, en este caso tiene una particularidad (compartida con la película que cierra el ciclo: Vals con Bashir) y es que un pueblo acostumbrado a testimoniar desde el lugar de la víctima, esta vez se presente a testimoniar en tanto victimario. La lengua quebrada es el hebreo “renacido” en el siglo XX, utilizado de manera instrumental. Vale la pena repetirlo: la chica forma parte del 50% de los jóvenes israelíes que por diversas causas no se enrolaron en el ejército, en el caso de ella, es claro que por objeción de conciencia. Eso se manifiesta en su dificultad para reproducir el lenguaje militar y en su cuestionamiento de las acciones del novio.
3-La función moral de las mujeres en la película: por un lado la novia del soldado que es a quien él le pide “mejilah” (absolución), un término del campo religioso que no se usa en el lenguaje cotidiano, no es “perdón” lo que le ruega, es mucho más que eso. Por otra parte, la mujer del director, que cuestiona la moralidad de él al hacer esta película, en las canciones dice: “Ella dice:/“No es material para una película”/“Él actúa el papel del arrepentido/Y tú aparentemente sólo observas/Él purga a través de ti/Y tú vas a arañar de esto otra película fuerte./Entonces deja de flirtear con el mal/Porque tú y él no están en el mismo barco/ /Y promete que no vas a filmarlo/Acá, en la sala./Ella dice/“No es material para una película”
4-Uno de los temas importantísimos que sugiere la película es la complicidad de los padres que necesitan que el hijo guarde silencio (ellos no apoyan a la ONG “breaking the silence”). En general, salvo honrosas excepciones, ellos se enorgullecen de que sus hijos sean elegidos para misiones secretas del ejército y obedecen al secreto sacrificando la ética a la complicidad militar-nacionalista. Esto queda claro en la parte musical del director, que hace deslizar las canciones infantiles al lenguaje militar, como pasa con una conocidísima canción de Jaim Najman Bialik sobre el caballito (poeta al que por cierto le tomaron de un verso de una canción de jánuca el título de la ofensiva a Gaza: “oferet yetzukah”, plomo fundido o endurecido según la traducción): “Es una historia sobre uno, un soldado/Él fue educado e incorporó el hecho de pertenecer a los mejores hijos/Fue cultivado para esperar/Que sólo le permitan/Le dejen alguna vez asaltar/ Que le dejen marearse un poquito/Dentro de poco se daría de baja, pues le dijeron /¡adelante! “corre y glopa”/“corre en el valle, corre en la montaña” (a color está la letra de la canción infantil)
Además, eso queda claro cuando él canta que le cubre la cara también porque ese chico es un hijo modelo para sus padres (no sólo para protegerlo de la posible venganza de los agraviados): "Oculten su rostro/Para que podamos/Seguir e imaginarlo/Déjenle un agujero a la nariz/Y a sus dos ojos/Que sintamos su sonrisa/Que no hay en él nada de maldad/Que es el hijo modelo,/Obviamente para sus padres/Oculten su rostro/Oculten su rostro”.
Llama la atención que se condene al “útero musulmán” (como lo llama Nurit Peled) por producir suicidas, ¿qué se puede decir del “útero judío”? ¿produce tal vez sansones , o filisteos? Sin duda, hay otras razones que hacen que la gente se ame en diversas lenguas y creencias y albergue hijos en vientres maternos. ¿Por qué siempre ver la paja en el ojo ajeno?
5- La enigmática respuesta que el soldado da a su novia a la pregunta acerca del sentimiento de culpa “no en el sentido clásico del término” causa en un primer momento una comprensible indignación moral. Sin embargo, en un segundo momento, da la sensación de que este sentimiento de culpabilidad es diferente pero no deja de ser tal. Por mi parte, me dice algo así como que los valores morales clásicos no alcanzan para pensar la banalidad del mal (en el sentido de Arendt), porque en el fondo son cómplices de ella. Él tiene conciencia de lo que reprime en sueños y de sus negaciones, no está orgulloso ni feliz de lo que hace, no soporta su angustia y por eso confiesa y hace la película, no olvida la cara del muerto, y va al lugar de los hechos y ruega a su novia y al director...
6- Por último, la valentía de Mograbi de llamar a las cosas por su nombre, en este caso, invocar la justicia que el ejército trata de postergar y relegar. Otra vez las canciones: “Con todas mis intenciones/Cuando no hay una mesa para golpear/Cuando no hay un tribunal al que dirigirse/En lugar de sacarse de encima eso/En lugar de simplemente entregarlo/A quien lo encarcele/Yo voy y canto sobre esto”. A eso se refería el comentarista Lev Grinberg al invocar el tribunal de La Haya.
Como solía decir mi abuelo: me saco el sombrero ante esta excelente película.
Silvana Rabinovich
Ya casi tocando fin el ciclo de cine “Paz o pax en Medio Oriente”, quisiera seguir la discusión sobre la película Z 32 comentando algunos puntos que me parecen importantes y ojalá podamos continuar el debate en el blog. Lanzo entonces algunas cosas que me vienen a la mente:
1- Ante todo, es bueno saber que el video que empieza y termina la película (el del soldado y su novia) fue hecho por ellos y se lo llevaron al director para que los ayude a hacer de eso un documental. El chico, luego de haber pertenecido a una unidad “de élite” del ejército, como muchos otros, decide “romper el silencio” (shovrim shtikah se llama la ONG que recoge esos testimonios y que da el número del archivo, título de la película). Esta ONG últimamente aparece en los periódicos documentando la banalidad del mal (el asunto de las playeras que se puede leer en este blog, y otras confesiones más). Porque fueron ellos quienes buscaron al director, se entiende la duda de éste acerca de la moralidad de hacerlo.
2- El testimonio del joven, con el lenguaje quebrado que lo caracteriza, en este caso tiene una particularidad (compartida con la película que cierra el ciclo: Vals con Bashir) y es que un pueblo acostumbrado a testimoniar desde el lugar de la víctima, esta vez se presente a testimoniar en tanto victimario. La lengua quebrada es el hebreo “renacido” en el siglo XX, utilizado de manera instrumental. Vale la pena repetirlo: la chica forma parte del 50% de los jóvenes israelíes que por diversas causas no se enrolaron en el ejército, en el caso de ella, es claro que por objeción de conciencia. Eso se manifiesta en su dificultad para reproducir el lenguaje militar y en su cuestionamiento de las acciones del novio.
3-La función moral de las mujeres en la película: por un lado la novia del soldado que es a quien él le pide “mejilah” (absolución), un término del campo religioso que no se usa en el lenguaje cotidiano, no es “perdón” lo que le ruega, es mucho más que eso. Por otra parte, la mujer del director, que cuestiona la moralidad de él al hacer esta película, en las canciones dice: “Ella dice:/“No es material para una película”/“Él actúa el papel del arrepentido/Y tú aparentemente sólo observas/Él purga a través de ti/Y tú vas a arañar de esto otra película fuerte./Entonces deja de flirtear con el mal/Porque tú y él no están en el mismo barco/ /Y promete que no vas a filmarlo/Acá, en la sala./Ella dice/“No es material para una película”
4-Uno de los temas importantísimos que sugiere la película es la complicidad de los padres que necesitan que el hijo guarde silencio (ellos no apoyan a la ONG “breaking the silence”). En general, salvo honrosas excepciones, ellos se enorgullecen de que sus hijos sean elegidos para misiones secretas del ejército y obedecen al secreto sacrificando la ética a la complicidad militar-nacionalista. Esto queda claro en la parte musical del director, que hace deslizar las canciones infantiles al lenguaje militar, como pasa con una conocidísima canción de Jaim Najman Bialik sobre el caballito (poeta al que por cierto le tomaron de un verso de una canción de jánuca el título de la ofensiva a Gaza: “oferet yetzukah”, plomo fundido o endurecido según la traducción): “Es una historia sobre uno, un soldado/Él fue educado e incorporó el hecho de pertenecer a los mejores hijos/Fue cultivado para esperar/Que sólo le permitan/Le dejen alguna vez asaltar/ Que le dejen marearse un poquito/Dentro de poco se daría de baja, pues le dijeron /¡adelante! “corre y glopa”/“corre en el valle, corre en la montaña” (a color está la letra de la canción infantil)
Además, eso queda claro cuando él canta que le cubre la cara también porque ese chico es un hijo modelo para sus padres (no sólo para protegerlo de la posible venganza de los agraviados): "Oculten su rostro/Para que podamos/Seguir e imaginarlo/Déjenle un agujero a la nariz/Y a sus dos ojos/Que sintamos su sonrisa/Que no hay en él nada de maldad/Que es el hijo modelo,/Obviamente para sus padres/Oculten su rostro/Oculten su rostro”.
Llama la atención que se condene al “útero musulmán” (como lo llama Nurit Peled) por producir suicidas, ¿qué se puede decir del “útero judío”? ¿produce tal vez sansones , o filisteos? Sin duda, hay otras razones que hacen que la gente se ame en diversas lenguas y creencias y albergue hijos en vientres maternos. ¿Por qué siempre ver la paja en el ojo ajeno?
5- La enigmática respuesta que el soldado da a su novia a la pregunta acerca del sentimiento de culpa “no en el sentido clásico del término” causa en un primer momento una comprensible indignación moral. Sin embargo, en un segundo momento, da la sensación de que este sentimiento de culpabilidad es diferente pero no deja de ser tal. Por mi parte, me dice algo así como que los valores morales clásicos no alcanzan para pensar la banalidad del mal (en el sentido de Arendt), porque en el fondo son cómplices de ella. Él tiene conciencia de lo que reprime en sueños y de sus negaciones, no está orgulloso ni feliz de lo que hace, no soporta su angustia y por eso confiesa y hace la película, no olvida la cara del muerto, y va al lugar de los hechos y ruega a su novia y al director...
6- Por último, la valentía de Mograbi de llamar a las cosas por su nombre, en este caso, invocar la justicia que el ejército trata de postergar y relegar. Otra vez las canciones: “Con todas mis intenciones/Cuando no hay una mesa para golpear/Cuando no hay un tribunal al que dirigirse/En lugar de sacarse de encima eso/En lugar de simplemente entregarlo/A quien lo encarcele/Yo voy y canto sobre esto”. A eso se refería el comentarista Lev Grinberg al invocar el tribunal de La Haya.
Como solía decir mi abuelo: me saco el sombrero ante esta excelente película.
Silvana Rabinovich
sábado, 19 de septiembre de 2009
Polémica en torno al festival de cine de Toronto dedicado este año a Tel Aviv
Gracias a Irmgard Emmelhainz por la información.
Texto y firmas de la declaración de Toronto:
http://torontodeclaration.blogspot.com/
El llamado de Udi Aloni
http://www.counterpunch.org/aloni08282009.html
Naomi Klein en La Jornada de hoy
http://www.jornada.unam.mx/2009/09/19/index.php?section=opinion&article=036a1mun
Texto y firmas de la declaración de Toronto:
http://torontodeclaration.blogspot.com/
El llamado de Udi Aloni
http://www.counterpunch.org/aloni08282009.html
Naomi Klein en La Jornada de hoy
http://www.jornada.unam.mx/2009/09/19/index.php?section=opinion&article=036a1mun
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sábado, 5 de septiembre de 2009
Martes 8/9 19 hrs. Nuestra música, Jean-Luc Godard

Este martes a las 19 hrs. iniciaremos la sesión del ciclo "¿Paz o pax en Medio Oriente?" con la introducción de José Luis Barrios, luego se proyectará la película y al final tendrá lugar el debate en el que participará Albino Álvarez que será moderado por Néstor Braunstein. La cita es en la Sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario.
A continuación, fragmentos de la nota de Gonzalo Maza tomada de http://www.mabuse.cl/1448/article-74695.html http://www.analizame.cl/
(…)Nuestra música es el largometraje número 38 de la filmografía de Godard (aunque esto puede ya ser un tema de polémica, porque este número es sin contar sus cortos ni sus múltiples trabajos grupales y codirecciones en distintas épocas de su carrera). Fue realizado hace dos años, y tiene poco que ver con la música (cómo uno podría imaginarse después de la serie que realizó entre 1988 y 1998, Histoire(s) du cinéma). No, Nuestra música es una reflexión sobre la guerra, cruzado con reflexiones sobre el cine, reflexiones sobre la relación plano-contraplano, reflexiones sobre la relación Israel-Palestina, como ocurre en una película de Godard: es como si uno pudiera ver los procesos químicos que se producen en su espléndida cabeza.
Este compilado de reflexiones está estructurada en tres capítulos: "El infierno", "El purgatorio" y "El paraíso". La primera parte es un incesante e hipnótico montaje de unos diez minutos donde pueden verse todo tipo de imágenes de guerra, obtenidas de documentales y de películas de ficción: uno reconoce Apocalipsis ahora de Francis Ford Coppola y la secuencia final de El beso de la muerte de Robert Aldrich, pero estoy seguro que aparecen muchas otras películas que mi memoria cinéfila nunca antes vio, o que no está en condiciones de reconocer. Esta primera parte es casi como un masaje a la memoria, y un preparativo para el espectador incauto que ha entrado quizás por error (aunque estoy seguro que esa raza de espectadores casi no existe). Prisioneros de guerra, campos de concentración, torturas, trincheras, misiles, explosiones, uniformes marchan frente al espectador. Es el infierno. Pero, también, la Tierra.
La segunda parte de la película, la más extensa, corresponde a "El purgatorio" y está construida en base a ese ensayístico proceso de Godard de juntar escenas de ficción con personajes reales (en este caso, los poetas español Juan Goytisolo y el palestino Mahmoud Darwish, además del mismo Godard como Godard) en una especie de comisión de una ONU ficticia, una ONU de intelectuales con legítimas inquietudes históricas, políticas y sociales. Todos se reúnen en Serbia en su calidad de intelectuales que viajan para ofrecer conferencias. Goytisolo lee sus poemas en medio de los edificios ruinosos de la guerra, Darwish da una entrevista al personaje ficcionado de una periodista judía (que hace las reflexiones en off de la película), y dice frases del tipo: "Palestina es famosa solo porque somos enemigos de Israel", y algo que remata luego con una provocadora constatación: "El mundo se parece cada vez más a Israel".
Godard, por su lado, en una clase de cine de alguna universidad se centra en el uso del plano y contraplano en el cine, como las dos caras de una misma medalla, y utiliza imágenes de guerra para establecer su punto. En una parte, muestra una fotografía de unos edificios bombardeados, en ruinas, y le pregunta a sus estudiantes: ¿Dónde es esto? ¿Serbia, Alemania, Polonia, Rusia? No, dice Godard. Es Estados Unidos después de la Guerra de Secesión.
Las reflexiones de Godard en su cine tienden a ser así, medio parrianas, esconden lindas sorpresas, son juegos de palabras inspiradas en los espejos que insisten en establecer axiomas a partir del reordenamiento de sus significados. Algunas de estas frases son más afortunadas que otras. Ejemplo: un escritor habla con el embajador francés en Serbia. Le dice que hay dos clases de personas, las que escriben y narran los hechos, y las que los actúan. Los que actúan rara vez reflexionan o tienen conciencia de lo que hacen; los que escriben rara vez saben de lo que están hablando. Corte a la siguiente escena.
Antes, en un auto, Goytisolo dice: "Matar a un hombre para defender una idea, no es defender una idea. Es matar un hombre".
Y así. En una parte de la película, la peor, un estudiante le pregunta a Godard sobre las cámaras digitales, y Godard guarda silencio. El maestro no tiene nada que decir.
En la tercera parte de la película, descubrimos que para Godard "El Paraíso" es un bosque al lado de un río, un lugar aparentemente calmo, pero lleno de marines norteamericanos. Escuchamos algún himno militar gringo donde se dice que las calles del paraíso la cuidan los marines. Son chistes godarianos. Chistes de guerra.
Nuestra música hace estallar múltiples reflexiones en el espectador durante su exhibición y es innegablemente una película adelantada, cruzada por la urgencia de esta época y el propio ego del realizador. Mejor aún, es una película de solo 80 minutos, con un par de momentos de humor negro, con inquietudes disparadas en la noche ciega de los multicines. Si bien Godard peca de disgregado, su película arde en medio de la cartelera analgésica a las que nos tienen acostumbrados (y nos terminarán de acostumbrar), y es un deber del cinéfilo habitual prestarle atención, por lo menos, detenerse en ella como una saludable parada en el camino al cielo. O al purgatorio.
Notre musiqueFrancia/Suiza, 2004
Dirección, guión y montaje: Jean-Luc Godard
Productores: Alain Sarde, Ruth Walburger
Fotografía: Julien Hirsch
Elenco: Sarah Adler, Nade Dieu, Rony Kramer, Simon Eine, Jean-Christophe Bouvet, Jean-Luc Godard, Juan Goytisolo, Mahmoud Darwish
80 minutos
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jueves, 27 de agosto de 2009
Martes 1/9 19 hs. Sala Julio Bracho - Centro Cultural Universitario

Route 181 : fragments d'une journée entre Palestine et Israël (2004)
Como su título lo dice, este documental de Eyal Sivan y Michel Khleifi, cercano al road movie, registra el viaje conjunto de estos dos realizadores (uno palestino, el otro israeli), en el año 2002, por una ruta imaginaria que traza, en el mapa real, la Route 181, en alusión a la Resolución 181 con la que, el 29 de noviembre de 1947, las Naciones Unidas establecía la partición del territorio de Palestina en dos estados.
Este viaje en el espacio, hecho de azarosos encuentros entre los directores y gentes (tanto árabes, como judíos) que habitan a lo largo de esta línea imaginaria, se transforma en un viaje en el tiempo, que busca, o encuentra, la complejidad histórica, el detalle singular, los matices del conflicto que va surgiendo en el decir de cada uno de los entrevistados. A través de lo que nos cuenta cada uno se va componiendo “un relato coral” que desmonta la historia oficial, y deja brotar otros relatos, historias múltiples y plurales. De este modo el film documenta cómo la identidad sionista se asienta sobre una serie de denegaciones, de ocultamientos o de elisiones. Entre ellas: la denegación o el olvido deliberado de la existencia de una cultura y un pueblo palestino que vivía en la región; la negación de un tiempo en que los judíos y los árabes coexistieron, cohabitaron, pacíficamente; la ocultación de la identidad judeo-árabe, etcétera, etcétera.
La cuestión que atraviesa todo el film es la tesis “antiprogresista” que señala lo esencial de lo que está en juego: el punto de origen del conflicto radica justamente allí donde cierto progresismo ilustrado supone una solución. La decisión de “partir el territorio y no compartirlo” no hace más que ratificar el movimiento de colonización de Palestina por parte del sionismo. Como en el juicio del Rey Salomón, elegir la partición (del hijo) es elegir la muerte.
En este viaje, que ahora es el nuestro, renace la esperanza. Para decirlo en palabras de uno de los directores (Michel Khleifi), a medida que avanza el film, vemos que “el odio es una construcción. Entonces cuando una película muestra que este odio y esta ideología de exclusión, es una ideología construida, entonces podemos de-construirla.
Esa es la esperanza”.
Parafraseando a nuestro querido Marcos Límenes en el último encuentro: ¡Que viva el cine!
Ficha técnica:
Directores : Michel Khleifi, Eyal Sivan
Largometraje: Documental
Idioma de rodaje: hebreo y árabe
(Francia, Bélgica, Alemania, Gran Bretaña).
Estreno en Francia : 30 de junio de 2004
Duración : 4h 30mn
(Por motivos de espacio proyectamos una edición que dura aproximademante dos horas)
martes, 25 de agosto de 2009
Comentario de Husni Abdel Wahed a la película Matzpen (martes 25 de agosto, 19 hrs. Sala Julio Bracho CCU)
Matzpen
Husni Abdel Wahed
Primero que nada, reciban un cordial saludo desde Palestina, junto con mis sinceras disculpas por ausentarme, debido a razones de fuerza mayor que me impiden compartir este importante espacio con ustedes.
También quisiera agradecer los esfuerzos de los organizadores de este evento, que cobra mayor importancia en estas circunstancias, donde escasean las posibilidades de llegar a un arreglo pacifico de este largo conflicto que ha causado tanta muerte, sufrimiento y dolor, así que iniciativas como esta, si bien es cierto no nos conducen a poner fin a la confrontación, sí nos hacen reflexionar y conocernos mejor lo cual debe incentivar a la sociedad civil y la opinión publica en todas partes para exigir el fin de a la ocupación israelí de los territorios árabes ocupados en 1967 y llegar a una paz justa y duradera.
Esta película y el equipo que ha realizado son sumamente valientes, honestos y creíbles. Pues desde las primeras imágenes, con la definición de lo que es Matzpen hasta el final mantiene una línea consecuente, sincera y cruda, no pretende quedar bien con una parte a costas de otra, no tiene que ser del gusto de todos, sin embargo tiene el valor de contar una historia diferente que contrapone a la historia oficial, que en palabras de uno de los personajes del film practica un adoctrinamiento y lavado de cerebros (se refiere a la historia oficial). Tampoco pretende convencer a nadie de que sus ideas hayan recibido la aprobación de grandes masas israelíes, al contrario, fue un reducido número de hombres leales a sus valores, convicciones y humanidad.
Otro aspecto importante, es que de una forma elegante y suave – a pesar de la cruda realidad, muestra los puntos de vista en la sociedad israelí que niegan la existencia del pueblo palestino y algunas menos duras, asimismo las diferentes etapas de este largo conflicto donde el denominador común y constante es la ocupación israelí, el desarraigo de los palestinos de sus hogares y la negación de sus derechos humanos básicos. Lo relevante es que los personajes no se conforman con el rol de narradores, sino tienen mucho que decir y desenmascaran al proyecto colonialista que representa el Estado de Israel, siendo consecuente consigo mismos y con sus ideales sin temor a la gran maquinaria propagandística que maneja el sionismo y sus aliados.
Un gran hito de este film es la claridad de la denuncia del chantaje que practica Israel contra cualquiera que se atreva a criticar sus políticas de ser antisemita, y esto nos recuerda que este es el elemento más usado y más temible de la propaganda sionista para reprimir las voces disidentes tanto en la sociedad israelí como en cualquier otra parte, me imagino que están al tanto de la polémica que ha generado la publicación de un artículo, la semana pasada, en un periódico sueco que denuncia la venta de órganos de palestinos asesinados a manos de soldados israelíes, el intelecto del Estado hebreo ha recorrido a este argumento nuevamente, sabiendo que es el más efectivo y temeroso.
Aunque de una forma indirecta, la película se refiere a los intentos israelíes de hacer desaparecer la identidad nacional del pueblo palestino y el redescubrimiento de esta identidad, como lo cuenta uno de los personajes palestinos, Dra. Ghada Karmy, quien por otro lado, al igual que los otros compatriotas suyos, destacan los lazos que los unen con los judíos de Matzpen, con quienes comparten muchos ideales y proyectos de futuro.
No sólo personas de ambos lados tienen coincidencias, sino también hay relaciones institucionales, como es el caso entre Matzpen y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, que evolucionó a mediados de la década de los setentas para abarcar otras facciones palestinas y partidos políticos israelíes, sobre la base de buscar los puntos de encuentro y la búsqueda de una solución global y duradera al conflicto árabe israelí y que a la vez ayudaron a desdemonizar el enemigo (aunque en este caso el trato y relación son de amigos). Estos encuentros no se limitan a los ideales y aspectos políticos, sino tienen un tacto humano muy valioso.
El proyecto desarrollado por Haim Hanegbi sobre las casas y sus antiguos moradores levanta una peculiar sensibilidad, especialmente entre los palestinos, pues la mayoría de los refugiados, aún guardan las llaves de sus hogares despojados y mantienen la esperanza de que algún día puedan volver a recuperarlos, en todo caso aunque no vuelvan, es importante reconocer su derecho como dice la Dra. Ghada Karmy y como concluye el mismo Hanegbi, quien afirma que si los judíos pueden volver después de 2000 años, por qué los palestinos tienen que renunciar a este derecho después de 50 años.
A pesar de que Matzpen ya no tiene la misma forma de antes, podemos afirmar que sus ideales aún permanecen y sus antiguos integrantes, en su mayoría, siguen siendo leales a sus convicciones.
Se afirma en el film que los militantes de Matzpen ¨fueron activos en los márgenes de la política israelí¨, no obstante, fue un fenómeno extremadamente valioso, porque fueron entre los primeros que rompieron el silencio y tuvieron el coraje de alzar sus voces contra la corriente, siendo judíos permitía que otros siguieran su ejemplo sin temor a ser tildados de antisemitas.
La experiencia de otros pueblos nos enseña que en los procesos de liberación nacional, es determinante el rol que desempeñan los sectores que se oponen a la ocupación para poner fin a la misma. El caso de Palestina y la ocupación israelí no es la excepción, pero lamentablemente observamos un retroceso de las fuerzas progresistas a favor del avance abrumador de la derecha y del ultra nacionalismo en Israel, que no sólo oprime al pueblo palestino y sus aspiraciones nacionalistas, sino también no tolera a sus propios ciudadanos que puedan discrepar con sus políticas, al punto de asesinar a su propio premier Itzhak Rabin, halcón sionista comprobado, por haber firmado los Acuerdos de Oslo.
Ehud Barak, ministro de defensa y otros dirigentes de Israel afirman diariamente que su ejército es el que más moral y que más valores tiene en todo el mundo, pienso que las denuncias y muchas imágenes difundidas demuestran lo contrario.
Daniel Cohen-Bendit afirma en este film que escribió en el año 75 ò 76 que Matzpen es el honor de Israel, personalmente estoy de acuerdo. No obstante, siempre fueron sectores minoritarios que abrazan ideas similares.
Ojalá Israel tenga más honor.
También quisiera destacar lo que dice Haim Hanegbi al final de esta película, que si hubiera algo por el cual se sentiría orgulloso es que se haya opuesto firmemente a la ocupación israelí en 1967 y en otra parte donde dice que ha mantenido su humanidad y que vivió sin vergüenza.
Como palestino que ha sufrido en carne propia este conflicto, sus amarguras y consecuencias, envío un cordial saludo y un sincero reconocimiento a Matzpen y a todos los israelíes que no han perdido su humanidad y que nos hacen creer aún en esta humanidad.
Vaya mi reconocimiento a mis entrañables amigos y compañeros que formaron parte de Matzpen, Eduardo Mosches, Peter Gellert y Pedro Lieger entre otros.
Husni Abdel Wahed
Primero que nada, reciban un cordial saludo desde Palestina, junto con mis sinceras disculpas por ausentarme, debido a razones de fuerza mayor que me impiden compartir este importante espacio con ustedes.
También quisiera agradecer los esfuerzos de los organizadores de este evento, que cobra mayor importancia en estas circunstancias, donde escasean las posibilidades de llegar a un arreglo pacifico de este largo conflicto que ha causado tanta muerte, sufrimiento y dolor, así que iniciativas como esta, si bien es cierto no nos conducen a poner fin a la confrontación, sí nos hacen reflexionar y conocernos mejor lo cual debe incentivar a la sociedad civil y la opinión publica en todas partes para exigir el fin de a la ocupación israelí de los territorios árabes ocupados en 1967 y llegar a una paz justa y duradera.
Esta película y el equipo que ha realizado son sumamente valientes, honestos y creíbles. Pues desde las primeras imágenes, con la definición de lo que es Matzpen hasta el final mantiene una línea consecuente, sincera y cruda, no pretende quedar bien con una parte a costas de otra, no tiene que ser del gusto de todos, sin embargo tiene el valor de contar una historia diferente que contrapone a la historia oficial, que en palabras de uno de los personajes del film practica un adoctrinamiento y lavado de cerebros (se refiere a la historia oficial). Tampoco pretende convencer a nadie de que sus ideas hayan recibido la aprobación de grandes masas israelíes, al contrario, fue un reducido número de hombres leales a sus valores, convicciones y humanidad.
Otro aspecto importante, es que de una forma elegante y suave – a pesar de la cruda realidad, muestra los puntos de vista en la sociedad israelí que niegan la existencia del pueblo palestino y algunas menos duras, asimismo las diferentes etapas de este largo conflicto donde el denominador común y constante es la ocupación israelí, el desarraigo de los palestinos de sus hogares y la negación de sus derechos humanos básicos. Lo relevante es que los personajes no se conforman con el rol de narradores, sino tienen mucho que decir y desenmascaran al proyecto colonialista que representa el Estado de Israel, siendo consecuente consigo mismos y con sus ideales sin temor a la gran maquinaria propagandística que maneja el sionismo y sus aliados.
Un gran hito de este film es la claridad de la denuncia del chantaje que practica Israel contra cualquiera que se atreva a criticar sus políticas de ser antisemita, y esto nos recuerda que este es el elemento más usado y más temible de la propaganda sionista para reprimir las voces disidentes tanto en la sociedad israelí como en cualquier otra parte, me imagino que están al tanto de la polémica que ha generado la publicación de un artículo, la semana pasada, en un periódico sueco que denuncia la venta de órganos de palestinos asesinados a manos de soldados israelíes, el intelecto del Estado hebreo ha recorrido a este argumento nuevamente, sabiendo que es el más efectivo y temeroso.
Aunque de una forma indirecta, la película se refiere a los intentos israelíes de hacer desaparecer la identidad nacional del pueblo palestino y el redescubrimiento de esta identidad, como lo cuenta uno de los personajes palestinos, Dra. Ghada Karmy, quien por otro lado, al igual que los otros compatriotas suyos, destacan los lazos que los unen con los judíos de Matzpen, con quienes comparten muchos ideales y proyectos de futuro.
No sólo personas de ambos lados tienen coincidencias, sino también hay relaciones institucionales, como es el caso entre Matzpen y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, que evolucionó a mediados de la década de los setentas para abarcar otras facciones palestinas y partidos políticos israelíes, sobre la base de buscar los puntos de encuentro y la búsqueda de una solución global y duradera al conflicto árabe israelí y que a la vez ayudaron a desdemonizar el enemigo (aunque en este caso el trato y relación son de amigos). Estos encuentros no se limitan a los ideales y aspectos políticos, sino tienen un tacto humano muy valioso.
El proyecto desarrollado por Haim Hanegbi sobre las casas y sus antiguos moradores levanta una peculiar sensibilidad, especialmente entre los palestinos, pues la mayoría de los refugiados, aún guardan las llaves de sus hogares despojados y mantienen la esperanza de que algún día puedan volver a recuperarlos, en todo caso aunque no vuelvan, es importante reconocer su derecho como dice la Dra. Ghada Karmy y como concluye el mismo Hanegbi, quien afirma que si los judíos pueden volver después de 2000 años, por qué los palestinos tienen que renunciar a este derecho después de 50 años.
A pesar de que Matzpen ya no tiene la misma forma de antes, podemos afirmar que sus ideales aún permanecen y sus antiguos integrantes, en su mayoría, siguen siendo leales a sus convicciones.
Se afirma en el film que los militantes de Matzpen ¨fueron activos en los márgenes de la política israelí¨, no obstante, fue un fenómeno extremadamente valioso, porque fueron entre los primeros que rompieron el silencio y tuvieron el coraje de alzar sus voces contra la corriente, siendo judíos permitía que otros siguieran su ejemplo sin temor a ser tildados de antisemitas.
La experiencia de otros pueblos nos enseña que en los procesos de liberación nacional, es determinante el rol que desempeñan los sectores que se oponen a la ocupación para poner fin a la misma. El caso de Palestina y la ocupación israelí no es la excepción, pero lamentablemente observamos un retroceso de las fuerzas progresistas a favor del avance abrumador de la derecha y del ultra nacionalismo en Israel, que no sólo oprime al pueblo palestino y sus aspiraciones nacionalistas, sino también no tolera a sus propios ciudadanos que puedan discrepar con sus políticas, al punto de asesinar a su propio premier Itzhak Rabin, halcón sionista comprobado, por haber firmado los Acuerdos de Oslo.
Ehud Barak, ministro de defensa y otros dirigentes de Israel afirman diariamente que su ejército es el que más moral y que más valores tiene en todo el mundo, pienso que las denuncias y muchas imágenes difundidas demuestran lo contrario.
Daniel Cohen-Bendit afirma en este film que escribió en el año 75 ò 76 que Matzpen es el honor de Israel, personalmente estoy de acuerdo. No obstante, siempre fueron sectores minoritarios que abrazan ideas similares.
Ojalá Israel tenga más honor.
También quisiera destacar lo que dice Haim Hanegbi al final de esta película, que si hubiera algo por el cual se sentiría orgulloso es que se haya opuesto firmemente a la ocupación israelí en 1967 y en otra parte donde dice que ha mantenido su humanidad y que vivió sin vergüenza.
Como palestino que ha sufrido en carne propia este conflicto, sus amarguras y consecuencias, envío un cordial saludo y un sincero reconocimiento a Matzpen y a todos los israelíes que no han perdido su humanidad y que nos hacen creer aún en esta humanidad.
Vaya mi reconocimiento a mis entrañables amigos y compañeros que formaron parte de Matzpen, Eduardo Mosches, Peter Gellert y Pedro Lieger entre otros.
sábado, 22 de agosto de 2009
Martes 18 de agosto - "Matzpén: israelíes antisionistas"
Matzpén (Israel 2004, Eran Torbiner)
Este documental presenta los avatares políticos vividos por militantes de esta organización socialista , antisionista, desde los inicios de 1960 hasta nuestros días. Las posiciones políticas en relación al desarrollo histórico del movimiento sionista como expresión colonial en Palestina, el diálogo político iniciado con una organización política palestina, el Frente Democrático de Liberación de Palestina, las impresiones sobre esta organización y sus posiciones expresadas por personajes como Tarik Ali, Cohen Bendit, Nayef Hawatme y una larga lista de entrevistas con los propios militantes de la organización. Este documental presenta un panorama polémico en relación con las políticas establecidas a lo largo de la historia del Estado de Israel.
El nombre Matzpén significa “brújula”. Este movimiento se propone re-orientar la política: no sólo en el sentido de encontrar una dirección que la lleve a buen puerto (que en este caso sería la coexistencia) sino también –y sobre todo- de reubicarla en el contexto de Oriente Medio del que la conducción sionista buscó obstinadamente alejarse. Matzpén comparte la raíz con matzpún, que significa “conciencia”. Esta película documenta innumerables aspectos de la situación, entre los que empezamos a enumerar:
1- En primerísimo lugar la necesidad de reconocer el derecho al retorno de quienes se vieron obligados a abandonar su tierra y su casa (“si el pueblo judío puede retornar después de 2000 años ¿cómo no podría hacerlo el palestino después de seis décadas?”, palabras de Akiva Or)
2- “El odio es nuevo” sostiene Haim Hanegbi, y alude a la Edad de Oro en España. Se trata de un montaje, una invención que puede ser desmontada.
3- La necesidad de volver a los límites marcados por la ONU en 1947 (la “línea verde”). En otras palabras: devolución de los territorios ocupados.
4- La importancia de que el estado no discrimine a sus ciudadanos por religión o etnia y así la posibilidad de convivencia.
5- Entender de una vez por todas que de ambos lados hay seres humanos con miedos y ganas de vivir.
6- Que si bien se trata de un conflicto singular (como todo conflicto) existe una solución que empieza por reconocer el derecho al retorno de los palestinos. Y que criticar las políticas del Estado de Israel no es sinónimo de antisemitismo.
De esta manera Matzpén funge como brújula cuyo norte es la conciencia (matzpún) recuperable de Israel.
Los invitamos a ver el documental este martes 18 de agosto de 2009 a las 19 hrs. en la sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario. Al finalizar la proyección, habrá un debate en el que participarán Eduardo Mosches, Husni Abdel Wahed y Pedro Miguel. Moderará Marcos Límenes.
Este documental presenta los avatares políticos vividos por militantes de esta organización socialista , antisionista, desde los inicios de 1960 hasta nuestros días. Las posiciones políticas en relación al desarrollo histórico del movimiento sionista como expresión colonial en Palestina, el diálogo político iniciado con una organización política palestina, el Frente Democrático de Liberación de Palestina, las impresiones sobre esta organización y sus posiciones expresadas por personajes como Tarik Ali, Cohen Bendit, Nayef Hawatme y una larga lista de entrevistas con los propios militantes de la organización. Este documental presenta un panorama polémico en relación con las políticas establecidas a lo largo de la historia del Estado de Israel.
El nombre Matzpén significa “brújula”. Este movimiento se propone re-orientar la política: no sólo en el sentido de encontrar una dirección que la lleve a buen puerto (que en este caso sería la coexistencia) sino también –y sobre todo- de reubicarla en el contexto de Oriente Medio del que la conducción sionista buscó obstinadamente alejarse. Matzpén comparte la raíz con matzpún, que significa “conciencia”. Esta película documenta innumerables aspectos de la situación, entre los que empezamos a enumerar:
1- En primerísimo lugar la necesidad de reconocer el derecho al retorno de quienes se vieron obligados a abandonar su tierra y su casa (“si el pueblo judío puede retornar después de 2000 años ¿cómo no podría hacerlo el palestino después de seis décadas?”, palabras de Akiva Or)
2- “El odio es nuevo” sostiene Haim Hanegbi, y alude a la Edad de Oro en España. Se trata de un montaje, una invención que puede ser desmontada.
3- La necesidad de volver a los límites marcados por la ONU en 1947 (la “línea verde”). En otras palabras: devolución de los territorios ocupados.
4- La importancia de que el estado no discrimine a sus ciudadanos por religión o etnia y así la posibilidad de convivencia.
5- Entender de una vez por todas que de ambos lados hay seres humanos con miedos y ganas de vivir.
6- Que si bien se trata de un conflicto singular (como todo conflicto) existe una solución que empieza por reconocer el derecho al retorno de los palestinos. Y que criticar las políticas del Estado de Israel no es sinónimo de antisemitismo.
De esta manera Matzpén funge como brújula cuyo norte es la conciencia (matzpún) recuperable de Israel.
Los invitamos a ver el documental este martes 18 de agosto de 2009 a las 19 hrs. en la sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario. Al finalizar la proyección, habrá un debate en el que participarán Eduardo Mosches, Husni Abdel Wahed y Pedro Miguel. Moderará Marcos Límenes.
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