viernes, 25 de septiembre de 2009

Z 32, para seguir el debate


Z 32 – Avi Mograbi
Ya casi tocando fin el ciclo de cine “Paz o pax en Medio Oriente”, quisiera seguir la discusión sobre la película Z 32 comentando algunos puntos que me parecen importantes y ojalá podamos continuar el debate en el blog. Lanzo entonces algunas cosas que me vienen a la mente:
1- Ante todo, es bueno saber que el video que empieza y termina la película (el del soldado y su novia) fue hecho por ellos y se lo llevaron al director para que los ayude a hacer de eso un documental. El chico, luego de haber pertenecido a una unidad “de élite” del ejército, como muchos otros, decide “romper el silencio” (shovrim shtikah se llama la ONG que recoge esos testimonios y que da el número del archivo, título de la película). Esta ONG últimamente aparece en los periódicos documentando la banalidad del mal (el asunto de las playeras que se puede leer en este blog, y otras confesiones más). Porque fueron ellos quienes buscaron al director, se entiende la duda de éste acerca de la moralidad de hacerlo.
2- El testimonio del joven, con el lenguaje quebrado que lo caracteriza, en este caso tiene una particularidad (compartida con la película que cierra el ciclo: Vals con Bashir) y es que un pueblo acostumbrado a testimoniar desde el lugar de la víctima, esta vez se presente a testimoniar en tanto victimario. La lengua quebrada es el hebreo “renacido” en el siglo XX, utilizado de manera instrumental. Vale la pena repetirlo: la chica forma parte del 50% de los jóvenes israelíes que por diversas causas no se enrolaron en el ejército, en el caso de ella, es claro que por objeción de conciencia. Eso se manifiesta en su dificultad para reproducir el lenguaje militar y en su cuestionamiento de las acciones del novio.
3-La función moral de las mujeres en la película: por un lado la novia del soldado que es a quien él le pide “mejilah” (absolución), un término del campo religioso que no se usa en el lenguaje cotidiano, no es “perdón” lo que le ruega, es mucho más que eso. Por otra parte, la mujer del director, que cuestiona la moralidad de él al hacer esta película, en las canciones dice: “Ella dice:/“No es material para una película”/“Él actúa el papel del arrepentido/Y tú aparentemente sólo observas/Él purga a través de ti/Y tú vas a arañar de esto otra película fuerte./Entonces deja de flirtear con el mal/Porque tú y él no están en el mismo barco/ /Y promete que no vas a filmarlo/Acá, en la sala./Ella dice/“No es material para una película”
4-Uno de los temas importantísimos que sugiere la película es la complicidad de los padres que necesitan que el hijo guarde silencio (ellos no apoyan a la ONG “breaking the silence”). En general, salvo honrosas excepciones, ellos se enorgullecen de que sus hijos sean elegidos para misiones secretas del ejército y obedecen al secreto sacrificando la ética a la complicidad militar-nacionalista. Esto queda claro en la parte musical del director, que hace deslizar las canciones infantiles al lenguaje militar, como pasa con una conocidísima canción de Jaim Najman Bialik sobre el caballito (poeta al que por cierto le tomaron de un verso de una canción de jánuca el título de la ofensiva a Gaza: “oferet yetzukah”, plomo fundido o endurecido según la traducción): “Es una historia sobre uno, un soldado/Él fue educado e incorporó el hecho de pertenecer a los mejores hijos/Fue cultivado para esperar/Que sólo le permitan/Le dejen alguna vez asaltar/ Que le dejen marearse un poquito/Dentro de poco se daría de baja, pues le dijeron /¡adelante! “corre y glopa”/“corre en el valle, corre en la montaña” (a color está la letra de la canción infantil)
Además, eso queda claro cuando él canta que le cubre la cara también porque ese chico es un hijo modelo para sus padres (no sólo para protegerlo de la posible venganza de los agraviados): "Oculten su rostro/Para que podamos/Seguir e imaginarlo/Déjenle un agujero a la nariz/Y a sus dos ojos/Que sintamos su sonrisa/Que no hay en él nada de maldad/Que es el hijo modelo,/Obviamente para sus padres/Oculten su rostro/Oculten su rostro”.
Llama la atención que se condene al “útero musulmán” (como lo llama Nurit Peled) por producir suicidas, ¿qué se puede decir del “útero judío”? ¿produce tal vez sansones , o filisteos? Sin duda, hay otras razones que hacen que la gente se ame en diversas lenguas y creencias y albergue hijos en vientres maternos. ¿Por qué siempre ver la paja en el ojo ajeno?
5- La enigmática respuesta que el soldado da a su novia a la pregunta acerca del sentimiento de culpa “no en el sentido clásico del término” causa en un primer momento una comprensible indignación moral. Sin embargo, en un segundo momento, da la sensación de que este sentimiento de culpabilidad es diferente pero no deja de ser tal. Por mi parte, me dice algo así como que los valores morales clásicos no alcanzan para pensar la banalidad del mal (en el sentido de Arendt), porque en el fondo son cómplices de ella. Él tiene conciencia de lo que reprime en sueños y de sus negaciones, no está orgulloso ni feliz de lo que hace, no soporta su angustia y por eso confiesa y hace la película, no olvida la cara del muerto, y va al lugar de los hechos y ruega a su novia y al director...
6- Por último, la valentía de Mograbi de llamar a las cosas por su nombre, en este caso, invocar la justicia que el ejército trata de postergar y relegar. Otra vez las canciones: “Con todas mis intenciones/Cuando no hay una mesa para golpear/Cuando no hay un tribunal al que dirigirse/En lugar de sacarse de encima eso/En lugar de simplemente entregarlo/A quien lo encarcele/Yo voy y canto sobre esto”. A eso se refería el comentarista Lev Grinberg al invocar el tribunal de La Haya.

Como solía decir mi abuelo: me saco el sombrero ante esta excelente película.
Silvana Rabinovich

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