jueves, 18 de febrero de 2010

Textos leídos en la velada Cantos para niños muertos (Kindertotenlieder) 2

Los poemas de Rückert, musicalizados por Mahler fueron traducidos del alemán por Margit Frenk
1

El sol está saliendo, esplendoroso,
y en la noche ha ocurrido una tragedia.
Sólo a mí me ha pasado ese infortunio;
el sol, en cambio, brilla para todos.
No debes enclaustrar en ti a la noche,
más bien sumérgela en la luz eterna.
Se me ha apagado a mí una lamparita:
¡viva la luz que da alegría al mundo!

2

Ahora entiendo por qué de vez en cuando
vos me lanzabais tan oscuras llamas,
¡ay,, ojos!,
en sola una mirada concentrando
toda vuestra potencia sobrehumana.
Mas, por la espesa niebla deslumbrado
que tejió la fortuna, no pensaba
que aquel rayo de luz ya retornaba
hacia el lugar oriundo de los rayos.
Vuestras luces me estaban ya diciendo:
Quisiéramos quedarnos a tu lado,
mas el destino nos lo ha vedado.
Míranos, antes de que estemos lejos.
Que lo que ahora para ti son ojos
sólo serán ya estrellas en el cielo.

3

Cuando tu mamita
entra por la puerta,
volviendo yo el rostro
hacia donde ella entra,
no cae mi mirada
en la cara de ella,
sino más abajo,
cerca de la puerta,
donde tu carita
se me apareciera
cuando, alborozada,
entraras con ella,
como tantas otras
veces, mi pequeña.

Cuando tu mamita
entra por la puerta
prendida la vela,
creo, como siempre,
que tú entras con ella,
como tantas veces,
corriendo ligera.
¡Oh, luz de tu padre,
tan pronto extinguida
llama de alegría!

4

Muchas veces pienso
que sólo salieron de paseo
y que pronto estarán de regreso.
El día está hermoso. No tengas miedo:
sólo se fueron un poco lejos.

¡Sí!, sólo se fueron de paseo
y en un rato estarán de regreso.
No tengas miedo, el día está bello.
¡Sólo fueron hacia aquellos cerros!

Se nos adelantaron por un trecho
y ya no querrán venir de regreso.
¡En aquellos cerros, al rayo del sol, los alcanzaremos!
¡El día es bello en aquellos cerros!

5

Con este tiempo, con este viento,
yo no los hubiera enviado afuera;
otros se llevaron a los niños,
y no me dejaron decir nada.

Con este tiempo, en esta tormenta,
no hubiera dejado que salieran;
temí que se enfermaran…
Ahora de qué sirve ya pensarlo.

Con este tiempo, con este horror,
no hubiera dejado que salieran;
temí que se murieran…
Ahora ya no hay de qué afligirse.

Con este tiempo, con este viento, con esta tormenta,
descansan tranquilos como en su casa,
ninguna tempestad los amenaza,
pues la mano de Dios bien los ampara.

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